
Naturalmente que cada uno con su dinero hace lo que le da la gana. Faltaría más. Ahora bien, no le veo mucho sentido a consumir jamón y queso en un restaurante, más que nada porque se trata de productos no cocinados y al hostelero le basta símplemente servirlos en el plato. Mi teoría es que voy al restaurante para comer lo que no puedo encontrar en otros sitios y para comer jamón y queso puedo ir directamente a cualquier tienda, eligiendo entre una amplia variedad.
Sí encuentro justificación a las tablas de quesos de una determinada región porque permiten degustarlos en pequeñas porciones y conocer el producto mejor antes de comprar. Ya no veo tanta gracia a las tablas de embutidos en las que no siempre conocemos el peso y lo que estamos pagando por kilo. Lo mismo me pasa con los espárragos, el típico alimento que no lleva manipulación.
Agradeceré las impresiones de los lectores al respecto.