
He estado tres veces en Bruselas y siempre he vuelto cargado de kilos de bombones. No es que esté forrado sino que estas delicias son baratas en Bélgica. Además de los archifamosos Godiva o Neuhaus, también existen los muy asequibles y ricos Leonidas, de los cuales te puedes llevar un kilo por 14 euros, lo que es muy buen precio. Se venden en cajas de 250 gramos, 500 gramos y un kilo. Casi mejor comprar en la ciudad en lugar del aeropuerto, porque hay más variedad para elegir. De Godiva nos podemos llevar una crema de chocolate tipo Nocilla en plan delicatessen por solo tres euros el frasquito.
En general Bruselas es un paraíso para los golosos y sale más barato comprar cien gramos de bombones que tomarse un café (bastante malo, por cierto). En los alrededores de la Grand Place hay una variada oferta y también podemos comprar en los supermercados, con precios más competitivos. Por cierto que en algunas chocolaterías ponen ciertos inconvenientes para atenderte en francés y prefieren hacerlo en inglés, por aquello de la piquilla entre flamencos y valones.
Para comer, la oferta tiene gran variedad e incluso se podrían calificar los precios como bajos, pudiendo cenar uno bastante bien a menos de quince euros, con medio bogavante, un entrecotte y helado de postre, todo ello de gran calidad y con la bebida aparte. La cerveza es la bebida estrella y hay marcas para dar y tomar. Mi favorita es la Maes. Y al que le gusten los mejillones, que cuente con que el tamaño de los moluscos es inferior al de los que aquí nos zampamos.
Hay hoteles baratos durante el verano y desde Bruselas podemos hacer muchas excursiones interesantes. Como destino, bueno, bonito y nada caro.