
Por lo visto el Ministerio de Sanidad tiene previsto que en los centros escolares no se pueda vender bollería industrial porque al parecer es peligrosísima para la salud de los alumnos; al menos eso dicen ellos, que velan por nosotros para que seamos muy felices. Se ha llegado a mencionar a los sobaos como productos poco saludables, ahí es nada. Por supuesto que no todos los sobaos son pasiegos ni están protegidos por la Indicación Geográfica Protegida, pero de ahí a considerarlos dañinos hay todo un mundo. Como en todo, no hay veneno sino dosis.
El gobierno dice que hay mucho niño con sobrepeso y que eso es horrible, por lo que se ponen a hacer lo que mejor saben, es decir, prohibir. Se supone que los chavales tendrán que llevarse de casa las chucherías que ayudan a disfrutar la infancia hasta que el Ministerio de Educación obligue a los profesores a vigilar el consumo de croissants en los recreos y la chavalería se tenga que refugiar en los servicios para saciar el apetito con lo que les de la puñeterísima gana.
En este mundo de lo políticamente correcto hay un montón de apasionados de la llamada vida sana a los cuales respeto por su opción, pero critico que tengan que imponernos a los demás lo que debemos o podemos comer, símplemente porque se está demonizando a una serie de alimentos como si fueran el Anticristo de la alimentación.
Otra manía muy extendida es acusar a la comida rápida de todos los males. Supongo que será culpa de Mc Donalds que en Asturias los niveles de colesterol estén altísimos...
Vamos hacia un futuro en el que el estado regulará los comportamientos de la sociedad incluso en los ámbitos privados. Cualquier día comenzarán las acusaciones hacia el chocolate y se empezará a criminalizar al vino. Esto no pinta nada bien. Empiezan por los niños y acabarán con los adultos con la excusa de que es por nuestro bien.
Mientras tanto, aproveche para comer sobaos o corbatas de Unquera antes de que los ilegalicen para obligarnos a tomar una dieta del Almería a orillas del Cantábrico.