
Hoy quiero advertir a los lectores sobre los peligros que entraña la frase que da título al post. Me horroriza cada vez que la oigo en boca de un camarero porque puede producir sorpresas muy desagradables; la principal es que el precio nos resulte inadecuado por excesivo, ya que no sabemos lo que nos va a costar ese plato "fuera de carta". Obviamente la solución es que nos digan de antemano lo que cuestan los platos cuyo precio no figura escrito sobre un papel.
No es infrecuente que en ciertos restaurantes haya propuestas especiales del día y más de una vez me las he encontrado redactadas a mano con su precio y pegadas a la carta, con lo que así no hay problema y sabemos de antemano a lo que nos enfrentamos. La cosa puede ser grave cuando los platos sugeridos son pescados, de manera que conviene preguntar previamente a cuánto anda el kilo y a cómo sale la ración, no sea que la cosa se dispare por atrevimiento e ignorancia. Ya se sabe que los precios según mercado o según rula son toda una ruleta rusa para el bolsillo del comensal y no recomiendo pedir pescados a no ser que dispongamos de una información convincente sobre la viruta que nos pueden clavar.
A veces me temo que esos platos fuera de carta son aquellos de los que se quieren deshacer cuanto antes o bien los que más beneficios dejan porque el hostelero juega con la gran ventaja de ocultar precios. Naturalmente que es muy incómodo preguntar lo que cuesta cada cosa y generalmente el camarero no lo sabe.
A los clientes les recomiendo no pedir nunca nada fuera de carta a no ser que les den las cosas por escrito, porque la situación se presta a la picaresca. A los hosteleros les animo a evitar esa política de vender de palabra oralmente.