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LUCES Y SOMBRAS DE BODEGAS PORTIA. GUMIEL DE IZÁN. BURGOS.

Este artículo no incorpora foto alguna, no sea que se enfaden conmigo los propietarios. Hago crítica constructiva pero por si acaso. Ni siquiera pongo enlace a la web de las bodegas.

Las Bodegas Portia se encuentran en Gumiel de Izán, provincia de Burgos, perfectamente visibles y accesibles desde la autopista A-1 que une la capital con Madrid. Un edificio tan llamativo no pasa desapercibido y menos aún si previamente sabemos que viene firmado por Norman Foster. Pero no vamos a hablar de Arquitectura ni de Enología sino de Enoturismo.

Quede claro que mi visita a Portia no estaba prevista sino que se improvisó sobre la marcha, más que nada por curiosidad, ya que no siempre tienes las bodegas tan a mano. No tenía intención de hacer una visita guiada pero sí de echar una ojeada a las instalaciones, ya que el edifico cuenta con restaurante y tienda.

Sales de la autovía y tomas el acceso a las bodegas, perfectamente señalizado; eso sí, hay que tener cuidado con los paseantes locales, que aprovechan el trazado de la antigua nacional para caminar ocupando el 50% de la calzada si van en grupo y encima te ponen cara rara si avisas de tu presencia para evitar accidentes.

La entrada a la zona de visitas está bien señalizada y enseguida accedemos a un amplio aparcamiento. A partir de ahí la siñalética no está nada lograda y empezamos a depender de la intuición; ocurre como en muchos edificios públicos. Superada la entrada principal sin haber visto ninguna indicación de horarios ni servicios, entramos a un hall futurista que nos recuerda a un hotel de esos de diseño que tanto abundan ahora en Portugal. La luz es más bien ténue y a partir de ahí todo funciona a base de ensayo y error porque no hay carteles informativos. En la recepción no hay nadie a mi llegada, con lo que la primera impresión ya desanima. Entro al restaurante sin ver una carta expuesta y doy una vuelta para orientarme. Por lo visto quien debería haberme recibido estaba reunido en ese momento, pero ya nada arregla la sensación inicial. Casi me marcho sin visitar la tienda, que se encuentra en la planta baja; en un principio solo veo vinos expuestos y me cuesta encontrar el mostrador donde se venden. La guía que en ese momento estaba celebrando una cata con clientes es la que llama a alguien para que me atienda. Sin personal en recepción ni nadie en la tienda, me quedo con una imagen de escasez de personal. Ya es una pena que habiendo pagado un edificio tan caro el visitante se halle tan desangelado por falta de quien le debería dar la bienvenida o guiar por la instalación ante la ausencia de paneles informativos.

En cuanto a los vinos, nada que objetar. El restaurante tiene muy buenas críticas y es una opción interesante en la zona por calidad y precio. Por lo visto las visitas a la bodega son interesantes y el personal hace su función con profesionalidad.

Donde vuelve a descarrilar Bodegas Portia es en su web, en la que muchas informaciones se ofrecen en formato pdf, lo que obliga a descargar un fichero en el ordenador para consultar sus contenidos, con lo sencillo que sería incluir esos datos directamente, más aún cuando muchos usuarios consultan la web con móviles y tablets. Sí aprueba Portia en el uso del Facebook, aunque principalmente sea para autobombo.

En general es una visita muy recomendable pero lo ideal sería que las visitas guiadas pudieran reservarse online con día y hora, así como las comidas en el restaurante, a través de la web y con prepago, tal y como se hace con los hoteles. Eso sería equiparar la modernidad de los servicios a la rabiosa Arquitectura contemporánea del edificio.


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