
Siempre compro los jamones por internet o en tiendas especializadas pero nunca en un hipermercado. La razón está muy clara. Los jamones están chorreando grasa y no hay quien se arrime a ellos sin pringarse los dedos o ensuciarse la ropa, sin posibilidad alguna de limpiarse, incluso solicitando una bayeta o una toallita a los empleados. Los jamones del hiper están ahí para exhibirse y si quieres uno es mejor que pidas al personal que te lo coja y lo embale, pero eso no es nada sencillo y probablemente no pueda ser. Luego todavía queda meterlo en la cesta, pasarlo por caja, volver a meterlo en el carro y subirlo al coche para llevarlo a casa. Toda una odisea que se resuelve comprándolo por internet, que te lo llevan al domicilio y encima hay mucho para elegir.
A ver cuándo se dan cuenta en las grandes superfices de que para los jamones las cosas no funcionan igual que para otros alimentos que se pueden envasar al vacío. Los consumidores no vamos al hiper a mancharnos o a que se nos escurra un jamón entre las manos y su transporte se convierta en toda una guarrada y una odisea desagradable. Venderían muchos más jamones adaptando la sección a las necesidades higiénicas de los humanos.
Se me ocurrió esto en una visita al Eroski, donde había una paleta ibérica deshuesada con una pinta fenomenal y un precio fabuloso; lástima que no había manera de bajar la puñetera paleta de la estantería y allí se quedó. Otra vez estuve en el Carrefour de Plasencia y compré una de la marca Monte Porrino que era más fácil de atrapar. Posteriormente en Jabugo compré un centro de jamón ya bien envasado en una tienda en la que por cierto atendían y orientaban muy bien.
Los jamones son una delicia ibérica pero habría que facilitar la vida a la gente para que se los lleve.