
Me sorprendió encontrar este producto en los expositores del Eroski y una vez visto el razonable precio procedí a cargarlo en el carro. Me encantan estas finuras frívolas que impresionan a las visitas y además aportan toques de sabor muy interesantes en la cocina. Al igual que ocurre con la sal Maldon, la de Guerande o la Flor de Sal de Aveiro se trata de una sal que no amarga y sí porporciona matices a los alimentos que se cocinan con ella.
La sal la distribuye Molí de Pomerí, empresa desde cuya web no se pueden hacer pedidos y que se dedica principalmente a las salsas y condimentos. Por lo visto la sal rosa del Himalaya contiene calcio, potasio, hierro y magnesio, de modo que se considera áltamente energética. La textura no es escamosa sino que viene en un polvo ni grueso ni fino que hace fácil dosificarla. El color deriva del contacto con el hierro.
Dentro de la caja lo que nos encontramos es una bolsa de plástico; personalmente hubiera pagado más por un salero transparente. Nada me impide meterla donde me apetezca, sin embargo.
Por lo visto los grandes cocineros están utilizando esta sal en sus preparaciones y ahora está al alcance de los humildes mortales. La sal ha hecho un viaje de millones de años desde los tiempos en los que el Himalaya estaba sumergido en el fondo del océano. El precio no es un problema.