
También podría haber titulado el artículo como "Comer bien de lata".
Uno de los productos franceses que más juego da en la despensa es el Confit de Canard o Confit de Pato. En realidad un confit no es un producto en sí sino un modo de preparación.
Aprendí a apreciar los productos del pato en el Perigord y más concretamente en la villa de Sarlat, que es uno de los lugares turísticos más volcados a la gastronomía de toda Europa.
El confit lo podemos preparar en casa porque el confitado es una cocción a baja temperatura y de larga duracíón, para lo cual va de maravila la vitrocerámica o bien la placa de inducción, pero casi no merece la pena porque lo podemos comprar enlatado por menos de diez euros. El producto viene en latas que contienen cuatro o cinco zancas de pato con su piel, más que suficientes para llenar unos cuantos platos llanos. Lo podemos acompañar con patatas fritas, por ejemplo. La preparación es bien sencilla; se abre la lata y se pone en el horno al baño maría durante unos minutos para que toda la grasa se vaya derritiendo y se facilite la extracción de las piezas. La grasa sobrante podemos usarla para freir las patatas al estilo de Sarlat, en lugar de aceite. Lo ideal es cortar las patatas a la inglesa y luego de freirlas se sirven con perejil espolvoreado.
Normalmente lo compro en Alcampo y consigo buenos precios. No pague más de diez euros por lata porque no merece la pena. Con una lata comen o cenan cuatro tragones y encima uno queda como un marqués. En ningún momento se nota que es un producto en conserva y encima los niños lo comen muy bien. Viene listo para degustar.
Otro día comentaré cómo preparo el magret de pato, es decir, la pechuga; aquí ya nos vamos a los cinco o seis euros por pieza con la que come muy bien una pareja. En Mercadona venden unas setas congeladas que se pueden confitar con aceite de oliva y resultan un buen acompañamiento para el confit y para el magret. Mejor evite comprar alitas porque tienen poco para comer.