
Espero que algún restaurador lea este artículo y tome nota.
Muchos viajeros se detienen en su ruta para reponer fuerzas en un restaurante y no les queda más remedio que elegir agua para la comida en lugar de tomarse un par de copichuelas de vino. Más que nada ello se debe a que la dósis mínima a la venta suele ser la de 750 ml, es decir, tres cuartos de litro, cantidad a todas luces excesiva para una persona e incluso para dos.
Una solución es la de solicitar vino por copas para acompañar los platos, lo que nos permite elegir blanco, rosado o tinto e función de las circunstancias, pero el inconveniente radica en que las botellas de vino de chateo de la barra pueden llevar cierto tiempo abiertas y el caldo que se nos sirve a lo mejor no está en condiciones óptimas. Por supuesto que en esos casos es casi imposible saber lo que nos van a cobrar por cada copa y a lo mejor no compensa económicamente.
Más de una vez me he llevado a casa la botella del vino que no me he terminado, pues considero un derroche abandonar medio litro en la mesa, más aún teniendo en cuenta que ya lo he pagado y es mio. Ya abundan restaurantes donde te proporcionan un saquito para llevarlo al domicilio y acabar de degustarlo. Ojo porque si quedan unos deditos en la botella es buen detalle deja algo para que lo prueben los camareros.
La solución está en las botellas de 37.5 cl, que llevan la mitad de líquido y con las cuales se pueden servir dos copas por persona, más que suficientes para una comida cuando luego hay que conducir.
Desgraciademente esa opción escasea o bien es inexistente en la mayor parte de restaurantes y como no hay demanda, pocas bodegas embotellan en ese formato, que no es que sea adecuado para grandes vinos pero sí muy cómodo para vinos jóvenes y alto consumo.
La oferta de vinos por copas tendría que salir en la carta y con precios, lo que nos permitiría degustar caldos en función de los platos, lo que se ha dado en llamar maridaje. Otro buen detalle sería que en la carta de platos se ofrecieran sugerencias de vinos para acompañar a cada plato.
En los supermercados sí es posible encontar una pequeña variedad de vinos en formato digamos individual y así el consumidor puede probar novedades sin arriesgarse. Además, se garantiza la frescura del vino y no tenemos que dejar nada para otro día, descorchando siempre una botella que espera ser abierta y no reabierta.
Mientras la oferta se limite a formatos grandes seguiré bebiendo agua.