martes, 17 de noviembre de 2009

Cómo comer en Suiza sin arruinarse.


Suiza es un país muy especial ya que no pertenece a la UE y está rodeado de paises de la Europa comunitaria. Su moneda es el franco, que vale 0.65 euros y tiene un montón de rarezas y peculiaridades llamativas. Aquí los particulares que viven en edificios de viviendas no pueden poseer una lavadora en su domicilio sino que deben utilizar una máquina comunitaria ubicada en el sótano. Todo está muy reglamentado en este país de cuatro lenguas. El plato que sale arriba cuesta 7.60 euros y lo podemos degustar en el restaurante del supermercado Coop.

Evidentemente Suiza es un país de alto coste, aunque también de alta calidad; no obstante, los alojamientos no dan la talla según los estándares ibéricos. En el tema del transporte la cosa ya es muy diferente.
Hay muchas cosas que ver allí pero los precios pueden ser muy elevados en la hostelería convencional, incluso para los propios suizos. Así pues, se imponen soluciones radicales y prácticas. Sí es posible comer a un precio muy conveniente utilizando los restaurantes de las dos principales cadenas de supermercados, que son Coop y Migros, extendidas por todo el territorio suizo. Hay que aprovechar esta posibilidad para las comidas ya que a la cena nos los encontraremos cerrados.
Coop vende platos como el de arriba y menús semanales a precios más reducidos, de modo que será posible comer un plato fuerte y un postre o una entrada, con bebida y café por menos de 13 euros por persona, lo que no está nada mal. La comida es bastante buena para ser de autoservicio y la he probado en más de una ocasión. Parecía que acabaría comiendo en McDonalds a diario pero no fue así y por lo menos los dos supermercados me facilitaron una alimentación digna.

1 comentario:

Toni dijo...

Si hay algo que hecho de menos en el extranjero es la facilidad que tenemos en España para comer algo sin necesidad de comer de 2 platos y postre. En una ciudad grande se puede arreglar con un local de comida rápida pero como estés por pueblos la cosa se complica.

Cuando estoy de excursión no me gusta comer fuerte y por eso en Francia por ejemplo echo de menos la facilidad española de comer unos pinchos, tapas, raciones, etc en casi cualquier sitio.