miércoles, 28 de octubre de 2009

Ponga un PX (Pedro Ximénez) en su mesa.


Me aficioné a los vinos dulces cuando a principios de los 80 me iniciaron en el consumo de mistela durante los recreos del Instituto en un bar mítico que hoy ya no existe y que se llamaba Casa Pipi. Allí era muy normal tomarse una copichuela a media mañana. Todavía no existía el botellón y también era admisible que el último día de clases antes de vacaciones de Navidad nos tomáramos unas botellas de sidra champanada en clase con los profesores. Previamente había degustado la Quina Santa Catalina y el Sansón con pastas, supongo que inducido por alguna persona muy mayor, que tienen gran afición a esas cosas y también al anís.

La primera vez que me ofrecieron un vino de postre fue en el restaurante La Salgar, de Nacho Manzano. Se trataba de un Pedro Ximénez de la marca Lustau que me dejó un sabor de boca soberbio. Normalmente en ese sitio sólo tienen de lo mejor.

Posteriormente fui aficionándome al consumo de PX como vino de postre y creo que no puede faltar en cualquier cena, sobre todo si se trata de sorprender a los invitados con un detalle finolis, al igual que puede ser una copita de Oporto o Cava de bienvenida.

Se trata de un vino español dulce con mucho cuerpo y gran densidad, tremendamente empalagoso y dulce pero no satura. Lo podemos encontrar en todo tipo de supermercados y Mercadona comercializa uno baratito (menos de 6 euros) que puede lucir muy bien al acompañar los postres e incluso un queso de Cabrales, al que resta potencia y con el que marida sorprendentemente. Estos vinos se elaboran con uvas pasificadas y pertenecen a la denominación de origen de Montilla-Moriles, andaluces como ellos solos.

En restaurantes los ofrecen por botellas o por copas y los precios no suelen andar disparatados. Cuando un restaurante tiene una carta de vinos de postre es buena señal, al igual que si la tienen de licores para tomar tras el café, que no sean los típicos licores de hipermercado sino algo más refinado.

Estamos en época de celebraciones y sugiero a los lectores que tengan en su bodega privada una botella de PX con la que endulzar aún más los postres.

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