jueves, 31 de julio de 2014

ESTOY HASTA EL MOÑO DE QUE NO ME TRAIGAN LA CARTA DE VINOS.

No es fácil detectar buenos restaurantes pero normalmente los que disponen de una buena carta de vinos es raro que den mal de comer. Lo malo es cuando no la exponen en el exterior del establecimiento y lo grave es que no te la traigan junto con la de platos, aunque hay algo aún peor y es que no te la den incluso después de haberla pedido. Eso ya me provoca un cabreo demencial y me arruina toda la comida. No me queda más remedio que pedir agua y aguantarme. Luego ya no tomo ni postre ni café.

¿A qué se debe tal chapuza y cómo puede ocurrir tal falta de profesionalidad?¿Pasa con todo el mundo o tengo cara de no beber vino? La última vez que me sucedió fue en el restaurante Venezuela de Lo Pagán, Murcia. La comida estaba bien pero me resultó molesto no acompañarla con un cava, más que nada porque el personal evitó ofrecerme la carta de vinos; ni siquiera me ofrecieron un cenicero y tuve que cogerlo de una mesa desocupada. Lo desconcertante es que el restaurante sí disponía de no una sino de varias cartas de vinos y de una gloriosa bodega cuyo disfrute me fue negado por la incompetencia del personal o del propietario.

Lo que me ponía bastante nervioso en mi última estancia en Andalucía era la curiosa costumbre de preguntar al cliente qué va a beber antes de entregar la carta de platos del restaurante. Si voy a un restaurante es para comer y me gustaría saber lo que hay a la venta para disfrutar la comida con buen maridaje. Supongo que se trata de una peculiaridad de la zona, tal como que en muchos sitios se pueda comer en la barra o todo lo contrario.

No sé si será vagancia o pocas ganas de hacer un segundo viaje con la carta de vinos pero el caso es que ni me molesto en pedirla si no me la traen de mano, visto que generalmente no me la dan ni aunque la pida. Incluso tengo que decir cosas con mala leche cuando me preguntan qué voy a beber, tales como "ya que no hay carta de vinos, tomaremos agua".

Si la carta de vinos es una porquería o los precios son un abuso o bien falta justo el que me gusta, tampoco voy a consumir. No pido que haya medias botellas y me aguanto si no hay vino por copas, pero por lo menos me gustaría disponer de carta de vinos, algo tan básico que resulta incomprensible que no me den la posibilidad de beber vino. Luego resulta que baja el consumo en restaurantes y no me extraña.

Obviamente no debe pasar lo mismo en todos los restaurantes españoles pero ya es coincidencia que siempre me ocurra igual allá donde voy. Mira que tomo vino en casa con comidas y cenas, mira que me gusta el vino y en donde lo venden con buen margen de ganancia no me lo ponen a huevo.

Nuevamente una muestra de incompetencia imperdonable en una hostelería que tiene mucho que mejorar. No necesito sumiller y me conformo con un papel que traiga palabras y precios, algo muy sencillo.

NO FALLAN LOS CUPONES. FALLAN LOS RESTAURANTES.

Me veo en la obligación de escribir sobre este asunto porque lo que comenzó como una astuta idea de marketing se les está yendo de las manos a los restauradores de medio mundo.

La mecánica del sistema es bien conocida. Se pueden conseguir chollos para comer en restaurantes a precios muy competitivos. El restaurante pretende promocionarse entre la clientela y ofrece menús con gancho y enormes descuentos.

Groupon, Groupalia y otros clones disponen de ofertas por doquier. El problema es que de cara al cliente la cosa no siempre funciona bien y se encuentra por ahí toda clase de críticas al respecto, más que nada por falta de profesionalidad del restaurador. Las empresas que venden cupones son simples intermediarios que se ganan una buena pasta ofreciendo el servicio a clientes y hoteleros. El que tiene que cumplir con lo prometido es el restaurador y desgraciadamente la cosa falla más que una escopeta de feria, aunque abundan los casos de éxito.

Para el restaurante, apuntarse a uno de estos métodos supone perder algo de dinero, no ganar nada o ganar muy poco a corto plazo y eso ya lo saben desde el principio, por lo que luego no vale la pena quejarse. Parecen no darse cuenta de que el cliente cazador de gangas acude únicamente por el precio y será infiel a la primera de cambio.

Una vez vendidos los cupones al cliente, el restaurante tiene que dar el servicio para cobrar, así que a partir de ahí empieza la picaresca para ofrecer lo prometido pero con todo tipo de trucos. Yo mismo experimenté una promoción para comer arroz con bogavante en Cantabria y no quedé nada contento, porque lo que recibí tenía mucho arroz y poco bogavante, además de recibir un trato frío y distante. Muchos clientes se quejan de que les tratan como apestados por usar estos cupones, lo cual es ridículo ya que el restaurante les ha buscado a ellos y les defrauda tanto como para que no vuelvan.

Una vez más la ignorancia triunfa y lo que ellos mismos podrían vender en una web lo sacan a la venta con intermediarios que se llevan casi el 50%. De eso ya he hablado en posts anteriores de este blog y no abundaré en ello.

El resultado es que cuantos más cupones utilicemos para comer en restaurantes, más fácil es que aparezca uno que lo mande todo al traste y nos espante para siempre.

Lo curioso es que las quejas de los usuarios van dirigidas a las empresas comercializadoras de los bonos y sí tienen razón en que no hay casi control de calidad al respecto.

Mi recomendación personal es no comprar bonos de restaurante y además huir sistemáticamente de los que recurran a este método de promoción. La buena comida tiene un precio y los grandes descuentos son a costa de algo.

Que conste que todo sería mejor si los hosteleros cumplieran con lo prometido y no anduvieran quejándose de que vienen muchos clientes con cupones. No se entiende que los vendan y que luego se enfaden cuando llega alguien que los quiere usar.

viernes, 18 de julio de 2014

RESTAURANTE ALBALA. JEREZ DE LA FRONTERA.

Lamento no ilustrar el artículo con fotos sobre los platos degustados pero estaba tan ocupado ingiriéndolos que ni me acordé.

Vamos al grano. Resulta que estábamos alojados en el hotel Palmera Plaza y nos dirigíamos al casco antiguo cuando me dio por innovar y cambiar de calle para hacer la ruta prevista. Buena decisión y todo un ejemplo de "serendipity" o más bien chiripa pura, porque a escasos metros del hotel, justo en la acera de enfrente y en los bajos de un edificio de viviendas con un diseño atractivo se encuentra este restaurante en el que tomamos una cena memorable a un precio imprevisiblemente bajo. 

Inicialmente la carta no estaba en la pared pero sí había cartas sobre las mesas de la terraza y me bastó echar una ojeada para convencerme de que se trataba de una apuesta muy segura, tanto que incluso las previsiones se vieron superadas de largo. Precios comedidos, platos atrevidos y oferta variada auguraban el éxito.

Y así fue. Por la módica cantidad de 43 euros cenamos en pareja opíparamente, tanto en cantidad como en calidad. Mientras la señora se decidió por una presa ibérica a baja temperatura, opté por varias tapas, incluyendo unas croquetas de rabo de toro, una curiosa composición con queso y foie, además de un canelón especial de la casa. Todo sobresaliente y además con el detalle del aperitivo gratuito, unas aceitunas muy bien aliñadas. Lo curioso es que los postres no fueron a la zaga y destacó particularmente el "Kinder bueno", que no tiene nada que ver con el producto comercial sino que resulta todo un homenaje para los amantes del chocolate. El otro postre fue una interpretación del Mostachón de Utrera, muy refrescante. Tomé varios vinos por copas, empezando por un blanco, siguiendo por un rosado y finalizando con un tinto, todos por recomendación del camarero, siempre eligiendo vinos de la tierra. Mención especial para el Entrechuelas blanco. El broche de oro lo puso un PX al cual invitó la casa. El café no bajó la nota presisamente y salimos de allí con ganas de volver a Jerez solo para comer en el Albalá. El chef Israel Ramos es toda una garantía y el servicio también brilló muy alto.

La carta de platos es muy amplia sin llegar a lo enciclopédico y se abarcan todos los gustos posibles.  Los precios son más bien irrisorios teniendo en cuenta lo que te dan por tu dinero. Casi les animaría a ofrecer un menú degustación largo y estrecho. El servicio de pan lo cobran como en un humilde chiringuito.

La carta de vinos incluye numerosas referencias locales pero también caldos clásicos nacionales y todo ello sin pasarse con el precio.

Un restaurante así en Madrid o en San Sebastián ya merecería páginas en los suplementos dominicales de los diarios de prestigio y los críticos nacionales harían bien en visitarlo cuanto antes. Les auguro una estrella Michelín dentro de pocos años. No hay más que ver las críticas que se hacen en Verema o los comentarios de Tripadvisor.

Aunque la web del local no aporta nada y el Facebook del restaurante no está muy activo, podemos ver la carta detallada en este enlace de Jerez a la carta.

En resumidas cuentas, mi gran experiencia gastronómica de los últimos meses. Menos mal que todavía hay lugares maravillosos para comer de lujo sin arruinarse.


domingo, 20 de abril de 2014

CAFETERA NESPRESSO EN LAS HABITACIONES DEL HOTEL MARINA D'OR 5*

Ya he comentado alguna vez en este blog que soy un gran apasionado del café. No tengo la Nespresso en casa pero sí otras máquinas de cápulas que me brindan excelentes cafés. En viajes por Francia o España suelo llevarme alguna cafetera de casa por si el café del hotel no me gusta; incluso tengo monodosis ESE para el bar o la cafetería. Obviamente cuando voy a Italia o Portugal no me hace falta preocuparme del tema.

En el hotel Marina d'Or de 5 estrellas cobran 1.50 por un café en la terraza chill out de la cafetería, lo que no solo es muy razonable sino también muy barato para el confort que proporciona. Además utilizan cápsulas de Lavazza, las mismas que te proporcionan para hacer un delicioso café para el desayuno.

Si te apetece tomar un primer café de la mañana en la terraza de la habitación o un último descafeinado antes de irte a la cama y no tienes gana de bajar a la cafetería, el hotel te lo pone muy fácil y tienes en el escritorio un par de tazas de loza con cucharilla de las buenas y sobrecitos de azúcar además de cuatro cápsulas Nespresso de regalo. Así da gusto. Me cautivan los buenos detalles y esto de poner a tu disposición una cafetera tope de gama te endulza la estancia.

Por una parte los buenos precios de la cafetería y la calidad del café hacen que la sobremesa resulte relajada en la terraza de la cafetería con vistas al mar. Por otro lado, recordemos que podremos llevarnos nuestras cápsulas Nespresso favoritas para usarlas en la habitación.

Un hotel que se preocupa por lo clientes tiene detallazos como éste, que animan a volver.

sábado, 19 de abril de 2014

RESTAURANTE VINATEA. MORELLA. CASTELLÓN.

Morella es uno de esos sitios que impresionan al viajero. La panorámica de la ciudad a la llegada sorprende y el casco urbano no decepciona. Alrededor de la ciudad no hay casi oferta hostelera y siendo un destino "top 10" allí podrían clavar al turista si quisieran, porque no existen otras opciones; menos mal que no solamente no lo hacen sino que encima hay locales como el que voy a analizar. Que conste que es de esos sitios que ya llaman la atención cuando pasas al lado y principalmente por lo contenido de los precios en relación al cuidado que se ha puesto en el local. Desde el primer momento se observa limpieza extrema, brillo en  todo lo visible y una excelente presentación de la carta y los menús para el posible cliente. El personal se ofrece a explicar los platos con amabilidad y en ningún momento se nota que quieran atrapar al paseante.

Una vez que decidimos comer allí, nos acomodamos en la coqueta terraza y evitamos los apetecibles menús porque tocaba continuar ruta y no convenía pillar un atracón que provocara somnolencia. Pedimos un par de raciones de croquetas morellanas que se facturan a 8 euros la media docena y que dejaron un excelente sabor de boca; se trata de un plato local ligeramente reinventado y que no se parece en casi nada a una croqueta tradicional, excepto en el relleno, con un aspecto similar al de los "rissois" portugueses, casi un híbrido entre croqueta y empanadilla. Otro de los platos elegidos fue el revuelto de "calçots" con boletus y alcachofa, en el que se notaba que los ingredientes eran de primera y la elaboración no iba a la zaga. Tomamos también un micuit de de foie de la casa que venía acompañado de dos mermeladas caseras, de notable tamaño y sabor que en nada envidiaba a los mejores del Perigord. La carta de postres tenía opciones ideales para golosos y las raciones eran contundentes. El trato del personal, sobresaliente de principio a fin. Tienen servicio de vino por copas y además invitan a chupito, que es todo un detalle. Por cierto que se sirve un café Illy que es toda una garantía. No tomamos platos "de resistence" pero los que se veían por las otras mesas tenían aspecto muy atractivo.

Digamos que tengo ganas de volver a Morella para comer en el Vinatea, que además tiene un local adyacente especializado en combinados. Hay varios menús a distintos precios y una opción de degustación. Lo mejor será quedarse a dormir en Morella porque como destino gastronómico es muy interesante, existiendo platos locales únicos en el mundo que ya justifican una visita.

Encontraremos el restaurante Vinatea en el puñetero cogollo de la ciudad y seguro que nos animamos a reservar mesa nada más verlo. Además de buenos comentarios en Tripadvisor, está recomendado por la Michelín de este año y de los anteriores. Podrían incluso ganar una estrella si se lo propusieran.

Algún día todos los restaurantes serán así. Lo menos mejor de Vinatea es la web, hecha en flash y que aporta muy poca información.

lunes, 24 de marzo de 2014

CÓMO COMER BARATO EN SUIZA SIN MORIR EN EL INTENTO


En Suiza casi todo es muy caro para nosotros, con ciertas excepciones, como la viñeta para circular gratuitamente por autopistas durante todo un año a un precio de unos 30 euros, que ya podían pillar algo así los habitantes de Bilbao o Barcelona.
Comer en restaurantes convencionales se sale de precio pero hay soluciones que nos permiten comer alimentos calientes recién cocinados en torno a una mesa. La cadena de supermercados Migros tiene muchos establecimientos repartidos por todo el país y curiosamente la mayor parte de estas tiendas cuenta con su propio restaurante, donde podemos comer por unos 15 euros, basándonos en una entrada, un plato, postre y bebida, lo que no está nada mal para tratarse de Suiza.

Si piensa que nunca va a visitar ese país, podría ver las cosas de otra manera; tenga en cuenta que el país es pequeño y no necesita obligatoriamente alojarse en su territorio, ya que Francia y Alemania está al lado y sus alojamientos son mucho más baratos. Mi experiencia se basa en haber pasado unas noches en la ciudad francesa de Annemasse, al lado de la frontera, la cual cruzaba a diario. Eso sí, para la cena no estará el supermercado abierto pero nosotros igual estamos en otro país con más, mejores y más baratas opciones de alimentación. Migros está ofreciendo últimamente un menú a diez francos suizos, unos 7 euros, con bebida incluida, como para comer dos veces.
Por el hotel, no se preocupe; los franceses y alemanes han procurado poner muchos al lado de la frontera. Las distancias son cortas y las carreteras muy buenas. Una curiosidad es que las autopistas van indicadas sobre color verde y las carreteras nacionales sobre azul, con lo que al principio no coges la autopista nunca porque te fías de la señalización española o francesa. Ojo con los aduaneros, que se toman muy a pecho su trabajo. Cuidado con las limitaciones de velocidad. La mejor manera de hacer el viaje es llevar el coche.

En lugar de poner un enlace a la web de Migros, remito a los lectores a esta guía redactada por un español y que resulta muy amena.

domingo, 12 de enero de 2014

RESTAURANTE LA DUNA. SUANCES. CANTABRIA. BARRA LIBRE DE CARTA POR 22 EUROS.

Suances se encuentra muy cerca de Torrelavega y Santillana del Mar. Un lugar tan bonito para vivir, pasear y tomar baños de mar es tan frecuentado que en temporada de playa resulta misión imposible el aparcamiento. Felizmente en temporada fresca abundan las plazas de aparcamiento y prácticamente enfrente del local sobre el que voy a escribir. 

Suances es buena plaza para comer y existe compentencia en calidad y precio, cosa que no siempre ocurre en primera línea de costa.

El restaurante La Duna es un local moderno con estética de gastrobar y cuenta con un coqueto comedor, más tradicional que la zona de cafetería, que tiene aires contemporáneos. Es un negocio familiar y eso se nota desde el primer momento porque se ve a los dueños al pie del cañón para que todo funcione en condiciones. Allí fuimos a degustar un menú de domingo, al precio de 12 euros más IVA. Hay bastantes y variadas opciones, con platos tradicionales pero también con cocina actualizada y modernizada. La paella de marisco incluía marisco de verdad y sabía como una de encargo. Otro primer plato de coliflor rebozada ofrecía una presentación digna de comedor con estrella. El rabo de toro suele aparecer entre los segundos platos y hay pescados muy bien preparados. Los postres se salen de lo habitual por preparación y estética; toda una ganga por lo que se paga y con un vino de la casa muy decente, con su etiqueta y todo, en nuestro caso un rosado. En resumidas cuentas, una dirección para anotar porque cumple sobradamente con las expectativas y las supera de largo, poniendo muy alto el listón. Podrían cobrar más pero no lo hacen.

La promoción que ilustra el post está disponible en temporada baja y permite a un comensal disfrutar de todos los platos que quiera. No es un buffet y los platos salen listos de cocina en el punto óptimo. La selección es tan abundante que no voy a enumerar las opciones con todo detalle pero sí destacar alguna de las posibilidades.

Primeros: Ensalada de frutos secos, jamón ibérico y foie, langostinos a la plancha, almejas a la marinera,.

Segundos: Pimientos rellenos de marisco y bogavante, solomillo ibérico relleno de bacon y frutos secos, taco de buey con salsa Cabrales, lechazo asado.

Afortunadamente se incluyen las bebidas y todo.

Puede parecer demasiado hermoso para ser verdad y curiosamente lo es. Igual se puede comer mejor en algún otro sitio de la zona pero seguro que no a ese precio. Probablemente se pueda comer por el mismo dinero en otra parte, pero no las mismas cosas. Hay que aprovechar estos chollos. Recomiendo tener reservada una habitación en las proximidades para reposar el atracón, ya que hay ofertas muy buenas. La Duna también vende mariscadas para dos con vino y postre, a precios fijos. La especialidad de la casa son los arroces y recomiendo ir una segunda vez expresamente para degustarlos, puesto que no los cobran nada caros. La oferta de la barra libre de carta está vigente en temporada baja y el restaurante se halla cerrado por las noches de lunes a jueves, pero abre a diario para las comidas y en fin de semana para cenas.

La Duna tiene página web pero como si no existiera porque no aporta nada interesante. En cambio su Facebook ofrece los menús del día detallados y actualizados. También podemos ver los comentarios en Tripadvisor y las reseñas de Google Plus.

Para ir, mejor reservar ya que se llena enseguida y en época fría no se puede comer en terraza. Reservas en el teléfono 942 84 42 14

El personal es correcto y educado y los clientes vascos opinan que se come muy bien. Al pie del restaurante tenemos el paseo de la playa para ir bajando el hartazgo.

Para los que quieran dedicar el fin de semana a la gstronomía de bajo coste aquí dejo una lista de hoteles en Suances a precio inmejorable.

viernes, 3 de enero de 2014

SE ACABÓ LA CUTRERÍA DE LOS ACEITES Y VINAGRES SIN IDENTIFICAR EN LOS RESTAURANTES.

Ya era hora, sí señor. Se acabó aliñar la ensalada en un restaurante con líquidos sin documentación visible. Por lo visto miles de restauradores se han cabreado y muchas asociaciones empresariales se han mosqueado, pero felizmente la nueva norma les impedirá rellenar aceiteras con cualquier cosa. Da igual que se quejen de que hay más costes o que de pronto les entre la vena ecologista con lo de los envases. 

Lo cierto es que desde hace algunos años los mejores restaurantes han venido ofreciendo aceites de oliva virgen extra envasados y con marca, incluso de varios tipos, como parte de su propuesta gastronómica. No hay grandes restaurantes donde se haya servido aceite a granel. Ahora les toca a la gran mayoría adaptarse a la modernidad. Igual que no se debe vender vino a granel sin etiqueta, los aceites son una cosa muy seria. Imagino que en el sur de España puede haber más calidad en general, pero ahora llega el momento de garantizarla poniendo el DNI del aceite bien visible, con lo que se prestigia a la mesa. Los que trabajan al estilo cebadero tendrán que situarse a un nivel que no pretendían y que los clientes sí se merecen.  

Una vez que pagamos una pasta por una buena ensalada de la huerta, es normal que la podamos aliñar con aceite de lo mejorcito, aunque no por venir envasado en botellita irrellenable va a ser óptimo. En cuanto a los vinagres, el público se ha acostumbrado al de Módena y al de Jerez, con lo que los vinagres comunes de medio euro el litro resultan demasiado ácidos para el gusto del consumidor del tercer milenio. Buena ocasión para sugerir vinagres variados, que tardan mucho en consumirse.

Se acaba una época de incertidumbre sobre lo que estábamos consumiendo y comienza una era de transparencia, mal que les pese a los tacaños y a los anclados en el pasado. A ver cuándo sacan una norma que obligue a los camareros a saludar al cliente cuando entra en un establecimiento, porque en media península siguen haciéndonos el vacío miserablemente.