domingo, 29 de diciembre de 2013

PERALZOLA. DESDE ASTURIAS Y PARA LOS FANS DE LOS QUESOS AZULES.

Llevaba tiempo viendo este queso en los expositores de las tiendas especializadas de Cangas de Onís pero no me animaba a comprarlo porque la pieza más pequeña pesa unos 800 gramos y cuesta sobre los 14 euros. Donde yo vivo no se vende al corte y fue el encargado de Quesos Torreón el que me cedió un trozo para probarlo en casa con calma. Una vez superada la prueba de la degustación, me decidí a comprar la pieza completa para darle gusto a la lengua en compañía de un tinto Merlot del Lidl que está delicioso y sale por menos de tres euros la botella. No me gusta arriesgar en piezas grandes que luego igual no me gustan y por eso creo que podría haber formatos más "portátiles" para animar al consumo.

Pues bien, para los que disfrutamos con quesos azules como Cabrales, Stilton y Gorgonzola, todo queso azul es bienvenido. Ojo porque el que no me gusta nada es el Roquefort, incluso el de alta gama. En este caso la particularidad principal es que nos hallamos ante un queso de oveja, toda una novedad en la región. Una vez cortado no seduce a la vista precisamente y parece uno de esos quesos azules industriales que se usan para hacer bocadillos para los niños. Una vez troceado la cosa va cambiando. El queso no se cuartea pero tampoco es cremoso, digamos que tiene una textura gomosa pero no pegajosa. Los tonos van del amarillento al verde oscuro y el gusto en boca es desconcertante al principio, pero luego deja muy buen posgusto. 

No se trata de un queso grandioso y por ese precio es normal, pero supongo que tampoco lo pretende. No sabe a nada conocido y por eso despista un poco, ya que a una determinada apariencia solemos asociar un sabor concreto. No empacha, no satura y no deja la lengua abrasada de sal. Tampoco llegan los bocados al éxtasis gastronómico pero el Peralzola se defiende muy bien en una tabla de quesos, aunque lógicamente no osa igualarse con el Picón del Tresviso o el Cabrales, que para eso estamos hablando de un queso industrial, aunque bastante digno.

En cuanto al olor, no hay problema. Puede consumirse delante de los más remilgados porque no apesta. Echo de menos que algún especialista me facilite una nota de cata más especializada que ésta tan impresionista que estoy escribiendo, pero de momento los blogs no tienen olor y menos aún sabor.

Se puede conseguir fácilmente en Asturias y a través de tiendas online. Puede gustar incluso a los no fans de los quesos azules, ya que resulta muy estandarizado y no tan imprevisible como el Cabrales. Esta misma empresa comercializa el queso de la Peral, que no está mal de calidad y puede usarse en una tabla de quesos sin ningún complejo ante la competencia extranjera.

Esta vez he acertado, no como cuando compré el cántabro de la Jarradilla, que no me convenció nada por culpa de su enorme y gruesa corteza. Lo mismo me pasó con el de las Garmillas, que encontré caro para lo que es.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

HOTELES CON RESTAURANTE CERRADO LOS FINES DE SEMANA

Mira que tengo varios blogs donde escribir sobre el tema, pero ya que se trata de comida, evitaré publicar este artículo en mis blogs sobre alojamiento, aunque también va relacionado.

Ya sé que es complicado rentabilizar un restaurante de hotel y que las más de las veces lo mejor que se consigue es perder poco dinero, pero la situación nos ha llevado a situaciones peculiares en las que muchos hoteles enfocados a la clientela de negocios cierran su restaurante desde el viernes por la noche hasta el domingo por la noche, ambos incluidos. Los hay que solamente dan cenas y también los que únicamente sirven comidas. En cuanto al tema legal, supongo que habría que consultar la legislación autonómica, pero de cara al servicio al cliente es una pena que en un cuatro estrellas el huésped tenga que salir por narices al exterior y encima en numerosos casos desplazarse en coche para comer o cenar algo. No soy precisamente un fan de los restaurantes de hotel pero en ciertas zonas los hay muy buenos y en ocasiones apetece cenar e irse a la cama cuando antes. En ciertos entornos puedes llamar a un servicio de comida a domicilio, pero muchos hoteles no se molestan en proporcionar esa información a los clientes para sacarlos del apuro.

Con lo complicado que es vender a la carta, resulta extraño que los hoteles no orienten sus restaurantes exclusivamente a los menús, que pueden ser de diferentes calidades y precios. Incluso con ese tipo de oferta, cuando el hotel se queda sin servicio de comidas hay que poner al alcance del cliente alguna solución que no implique necesariamente un desplazamiento por zonas desconocidas.

Para ese tipo de situaciones suelo utilizar la zona de restauración de algún centro comercial próximo, pero un viajero griego o alemán puede encontrar esa solución algo difícil.

Una propuesta interesante es el uso de platos de quinta gama, que solo deben calentarse y servirse, tarea al alcance de cualquiera sin recurrir a la cocina en vivo. Otra idea es la venta de precocinados in situ con microondas al alcance del huésped en recepción o en su habitación. Cualquier mejora será de agradecer antes de invitar al cliente a que compre un sandwich en una gasolinera cercana.

Un hotel restaurante tiene que serlo todo el tiempo y no se debe suspender el servicio para los alojados por el motivo de que haya una boda en las instalaciones. Puede ocurrir que haya grupos y se deniega el servicio a los clientes individuales mientras el grupo está cenando a pocos metros de su habitación.

Soy bastante espartano y poco exigente al respecto, pero la satisfacción del cliente es sagrada y no se le puede dejar con hambre. También es que soy asturiano y en sitios como Galicia se considera delito capital no dar comida al hambriento, mientras que por otros lares te invitan a buscarte la vida.