lunes, 18 de noviembre de 2013

LUCES Y SOMBRAS DE BODEGAS PORTIA. GUMIEL DE IZÁN. BURGOS.

Este artículo no incorpora foto alguna, no sea que se enfaden conmigo los propietarios. Hago crítica constructiva pero por si acaso. Ni siquiera pongo enlace a la web de las bodegas.

Las Bodegas Portia se encuentran en Gumiel de Izán, provincia de Burgos, perfectamente visibles y accesibles desde la autopista A-1 que une la capital con Madrid. Un edificio tan llamativo no pasa desapercibido y menos aún si previamente sabemos que viene firmado por Norman Foster. Pero no vamos a hablar de Arquitectura ni de Enología sino de Enoturismo.

Quede claro que mi visita a Portia no estaba prevista sino que se improvisó sobre la marcha, más que nada por curiosidad, ya que no siempre tienes las bodegas tan a mano. No tenía intención de hacer una visita guiada pero sí de echar una ojeada a las instalaciones, ya que el edifico cuenta con restaurante y tienda.

Sales de la autovía y tomas el acceso a las bodegas, perfectamente señalizado; eso sí, hay que tener cuidado con los paseantes locales, que aprovechan el trazado de la antigua nacional para caminar ocupando el 50% de la calzada si van en grupo y encima te ponen cara rara si avisas de tu presencia para evitar accidentes.

La entrada a la zona de visitas está bien señalizada y enseguida accedemos a un amplio aparcamiento. A partir de ahí la siñalética no está nada lograda y empezamos a depender de la intuición; ocurre como en muchos edificios públicos. Superada la entrada principal sin haber visto ninguna indicación de horarios ni servicios, entramos a un hall futurista que nos recuerda a un hotel de esos de diseño que tanto abundan ahora en Portugal. La luz es más bien ténue y a partir de ahí todo funciona a base de ensayo y error porque no hay carteles informativos. En la recepción no hay nadie a mi llegada, con lo que la primera impresión ya desanima. Entro al restaurante sin ver una carta expuesta y doy una vuelta para orientarme. Por lo visto quien debería haberme recibido estaba reunido en ese momento, pero ya nada arregla la sensación inicial. Casi me marcho sin visitar la tienda, que se encuentra en la planta baja; en un principio solo veo vinos expuestos y me cuesta encontrar el mostrador donde se venden. La guía que en ese momento estaba celebrando una cata con clientes es la que llama a alguien para que me atienda. Sin personal en recepción ni nadie en la tienda, me quedo con una imagen de escasez de personal. Ya es una pena que habiendo pagado un edificio tan caro el visitante se halle tan desangelado por falta de quien le debería dar la bienvenida o guiar por la instalación ante la ausencia de paneles informativos.

En cuanto a los vinos, nada que objetar. El restaurante tiene muy buenas críticas y es una opción interesante en la zona por calidad y precio. Por lo visto las visitas a la bodega son interesantes y el personal hace su función con profesionalidad.

Donde vuelve a descarrilar Bodegas Portia es en su web, en la que muchas informaciones se ofrecen en formato pdf, lo que obliga a descargar un fichero en el ordenador para consultar sus contenidos, con lo sencillo que sería incluir esos datos directamente, más aún cuando muchos usuarios consultan la web con móviles y tablets. Sí aprueba Portia en el uso del Facebook, aunque principalmente sea para autobombo.

En general es una visita muy recomendable pero lo ideal sería que las visitas guiadas pudieran reservarse online con día y hora, así como las comidas en el restaurante, a través de la web y con prepago, tal y como se hace con los hoteles. Eso sería equiparar la modernidad de los servicios a la rabiosa Arquitectura contemporánea del edificio.


viernes, 1 de noviembre de 2013

RESTAURANTES HACIENDO EL RIDÍCULO EN INTERNET.

Me atrevo a decir que el sector de la restauración es el que menos ha aprovechado las potencialidades de internet para hacer negocio. Salvo muy honrosas excepciones la presencia de los restaurantes de todo el mundo en la red se revela más bien simbólica; la mayor parte de establecimientos no tiene página web y los que cuentan con ella casi nunca aportan nada de interés al posible cliente.

No tener web en los tiempos que corren ya es un criterio como para descartar a un restaurante de mano, pero si aplicamos este razonamiento de modo estricto igual hasta nos quedamos sin comer. Un hotel nunca lo haría.


Tener página web y no sacar ningún partido de ella es lo más habitual. Lo más frecuente es toparse con páginas que de mano nos ofrecen una presentación en flash y una invitación para entrar, que más bien es una advertencia para marcharse a tiempo, antes de decepcionarse.

Lo grave del asunto es que generalmente los restaurantes se limitan a presentarnos una serie de fotos de sus comedores y ahí se queda todo. Como mucho puede haber fotos de platos pero nada más. Parece que los restaurantes no se dan cuenta de que lo que vamos buscando es la carta del restaurante con precios, es decir, información útil. Ojito con los que sí presentan una carta porque no siempre es la actual. Por supuesto que hay excepciones y existen restaurantes cuya presencia en internet es modélica, pero son tan pocos que casi no merece la pena ni buscarlos.

Señores restauradores sin página web, a ver si se dan cuenta de que estamos en el tercer milenio y siguen comportándose como si estuvieran en la Edad Media. Señores propietarios de restaurantes con web, ya va siendo hora de que la utilicen para vender y convencer, no para estar por estar y hacer perder el tiempo a la gente. Lo que quiere el posible cliente es saber sobre la comida y sus precios, sobre todo ésto último, porque una lista de platos sin ninguna referencia de precios es una pérdida de tiempo. Y eso que una vez un restaurador me dijo que no los ponía porque eso sería de mal gusto...

En el apocalípsis del colmo de la chapuza, no son pocos los restaurantes que utilizan las ventas masivas por internet a través de intermediarios que les comen hasta el 50% de la ganancia en comisiones, cuando podrían hacerlo ellos mismos con su propia web, que ni siquiera tienen.

Al posible cliente le queda la opción de consultar las opiniones de Tripadvisor, pero no debería confiar demasiado en ellas, ya que hacen falta muchas para que haya fiabilidad estadística.

Hay restaurantes que confían en moderneces tipo Twitter y Facebook como vehículo de comunicación, obviando que la web es el mejor medio para mostrarse al mundo.

Ojalá que llegue el día en que uno pueda reservar y pagar por adelantado un buen menú en un restaurante, con precios atractivos. De momento tenemos los portales de reserva de restaurantes, que algo aportan, pero sin llegar a convencer del todo.

Los hoteles han hecho bien las cosas pero los restaurantes hacen el ridículo y las cosas no parece que vayan a cambiar en un futuro cercano. Planificar un viaje con conocimiento se complica si queremos detectar los restaurantes que más nos convienen, más que nada porque no se muestran interesados en vender.

Animo a los lectores a publicar comentarios al respecto incluyendo direcciones de restaurantes con una web decente.