lunes, 19 de agosto de 2013

RESTAURANTE INIRO. HOTEL PALACIO DE SOÑANES. VILLACARRIEDO.CANTABRIA.

Mira que hay restaurantes en España y tengo que ir precisamente al de un hotel. Como si no hubiera otros sitios. Ya se sabe que los restaurantes de hotel casi nunca son recomendables. Menos mal que en este caso hablamos de una excepción muy honrosa.

El Palacio de Soñanes es un hotel arquitectónicamente emblemático y tiene una categoría equiparable a la de los Relais&Chateaux, con un edificio que lo haría pasar perfectamente por Parador de Turismo de los históricos. Solo por verlo ya merece la pena ir a Villacarriedo aunque no haya muchos más atractivos turísticos en la villa.

El restaurante ofrece un menú pasiego por 25 euros, incluyendo un cocido montañés, media ración de chipirones en su tinta, media de entrecot y el postre, amén de bebidas y café, lo que no está nada mal teniendo en cuenta que se come en un coquetísimo comedor ideal para quedar de cine con la pareja o lucirse con los amigos. El entorno del palacio también está muy cuidado y el marco es de los incomparables.

Allí fuimos tres personas y comimos por unos 70 euros a la carta, sin entrantes. Nos sirvieron un arroz negro muy suave, unas carrilleras excelentes y unas chuletillas de cordero meritorias. Los postres son generosos de tamaño; el brownie con helado estaba logrado y la quesada con helado era saciante a la par que sabrosa. Con un par de copas de vino y los cafés quedamos muy ricamente, teniendo en cuenta que afuera había 28 grados y no estaba la cosa para haber pedido más comida so pena de sufrir la tarde en lugar de disfrutarla. El café no estuvo a la altura del resto de la comida, desgraciadamente.

Se sirve vino por copas al razonable precio de dos euros y hay una carta de vinos algo farragosa de consultar y muy poco organizada, aunque correcta y suficiente. La carta de platos está muy equilibrada y no hay nada que sea muy caro.

No estamos hablando ni mucho menos de cocina de autor sino de platos más bien convencionales con buen ingrediente y preparaciones muy actualizadas, es decir, con poca grasa y mucho sabor. Un huésped del hotel puede cenar tranquilamente cada noche sin miedo a la clavada o a que los platos no den la talla. El servicio es muy correcto aunque le falta un plus de simpatía. El servicio de pan, sin ser óptimo, supera la prueba. Cristalería y vajilla están a tono con lo que se espera, al igual que ocurre con la cubertería.

A favor del hotel y del restaurante hay que decir que en la web del hotel sale la carta del restaurante y eso ayuda a decidir si hacer una visita.  Aquí dejo el enlace a la web del restaurante.

Sin lugar a dudas, es una interesante etapa en Cantabria para disfrutar de cocina y arquitectura en un mismo lote. No hay que perderse los servicios higiénicos y un paseito por el interior del hotel para entrar en ganas de reservar una habitación.

miércoles, 14 de agosto de 2013

LOS PLATOS "DE LA ABUELA" NO LOS HA HECHO LA ABUELA.

Pues eso, que aunque los haya hecho la abuela no por eso van a ser mejores. Desgraciadamente ese apelativo se ha popularizado hasta extremos indecentes y no aporta absolutamente nada, más bien al contrario espanta a los clientes, como colocar un cartel de "restaurante típico". 

Si pudiera comería únicamente en restaurantes de postín pero no me queda más remedio que recurrir a la hostelería convencional con menús para la clase media, donde los nombres de los platos no suelen tener ni apellidos y se anuncian como cordero, merluza o ternera, sin especificar siquiera la preparación. 

Las tartas de la abuela generalmente remiten a tartas de galletas cuya dificultad de elaboración es similar a la del manejo de un botijo y no suponen mayor deleite que las hechas por un primo, la cuñada o el vecino del cuarto. Los postres caseros no tienen porqué ser deliberadamente simples sino que pueden constituir verdaderas virguerías gastronómicas con ingredientes de primera y detallitos especiales. Cualquier día empiezan a ofrecernos platos de la bisabuela o de la tatarabuela. Si todas las abuelas cocinaran mejor que sus nietas nos estaríamos enfrentando a un declive imparable que acabaría con la cocina en dos o tres siglos. De hecho, eso de "la abuela" tiene hasta un tufo machista, porque casi nunca nos ofrecen nada "del abuelo".

A lo mejor estaría escribiendo de otra manera si hubiera conocido con vida a alguna de mis abuelas, que no tenían muchos productos con los que cocinar. Siempre me quedará la duda de si mi abuela Ángela llegó a cocinar algo en Buenos Aires, que es donde descansa para la eternidad. Esperanza no llegó ni a la posguerra y mi madre no pudo heredar su supuesta sabiduría culinaria.

En fin, señores restauradores, vayan poniendo nombres realistas a sus platos, con detalle de ingredientes e incluso peso de la ración, en lugar de apodar a los platos con calificativos tan surrealistas.

domingo, 11 de agosto de 2013

COMPRANDO VINOS EN EL LIDL.

Los supermercados Lidl tienen una estética tan germánica y tan parecida a la de una ferretería que espantan a quienes buscan el glamour. La selección de productos es poco variada y sin embargo constituyen un excelente lugar para encontrar auténticos vinazos a precio de bajo coste.

Llevo años comprando vinos en Lidl porque me ofrecen lo que busco, es decir, excelentes vinos de mesa para tomar a diario por menos de cinco euros la botella.  No ofrecen todas las denominaciones de orígen ni falta que me hace. El de la foto es un rosado navarro que sale a menos de dos euros y que va de cine; seguro que los hay mejores pero fijo que son mucho más caros y naturalmente que los hay por menos dinero pero no hay quien los beba. Los amantes del Rioja y del Ribera tienen caldos excelentes que hacen muy bien papel incluso en las mejores mesas. Felizmente hay buenos blancos Chardonnay o Albariño y así no tengo que tomarme un Verdejo, que sigue sin cautivarme. La selección de vinos extranjeros abarca los sudafricanos y australianos, que sorprenden con caldos jóvenes para tomar en el año, con tapon de rosca. También hay algún Priorat meritorio y buenos somontanos. 

Supongo que la fórmula que sigue Lidl es la de encontrar un buen proveedor que garantice producción abundante y una calidad estable junto con un precio democrático que permita vender el vino con ganancias para la empresa y satisfacción para el consumidor. 

Sirva este aviso para que los aficionados al buen vino y al consumo diario responsable se animen a conocer la gama de vinos de Lidl, que destaca por calidad y precio. 

Últimamente la crisis ha hecho que los precios desciendan y en muchos hipermercados encontramos ofertas interesantes en vinos que hace años alcanzaban un coste inasequible.

Por cierto que Lidl ha contratado a un famoso sumiller para catar sus vinos y los resultados pueden verse en este enlace.

BOFROST. LOS CONGELADOS QUE PARECEN CAROS Y SALEN MUY BIEN DE PRECIO.

Ojo porque esto no es un publirreportaje aunque lo parezca. Los de Bofrost no me dan nada a cambio de hablar bien de ellos.

El caso es que ya conocía la empresa desde hace años porque una vecina les compraba muchísimo, ya que no podía ir a la compra y prefería que se lo sirvieran todo a domicilio. La tal vecina no tenía problemas económicos y yo prefería comprar más barato en supermercados convencionales.

Lo que ocurrió fue que me mudé a una vivienda unifamiliar y desde entonces me animé a probar los productos congelados de Bofrost, siempre más caros que otros similares que se hallan en la gran distribución comercial. No me parecía convincente la ventaja del servicio a domicilio porque utilizaba bolsas isotérmicas para el transporte. Tras un primer pedido fui cambiando de idea. El incremento de precio redundaba en una calidad muy superior y aunque el aumento de gasto era aritmético, el incremento de calidad resultaba geométrico o exponencial, si se me permite el juego de palabras matemático, lo que viene a ser que por un poco más de dinero se consigue un extraordinario plus de sabor y de mejora en los ingredientes.

Lo curioso es que Bofrost no opera en todo el territorio nacional y el catálogo de productos es diferente para cada comunidad donde opera.

Lo que nos encontramos cuando probamos los productos es una selección de artículos con calidad de restaurante, muy superior a la convencional en los platos preparados, helados y guarniciones. Algunos de los productos son muy notables y otros no están tan logrados, como es el caso de las pizzas, que se parecen más a las flammenkuches alsacianas que a sus homólogas italianas.

Las tartas vienen precortadas en raciones, lo que es todo un detalle. 

Una vez en la mesa desaparece el síndrome del plato preparado con sabor a glutamato y evidentes conservantes, para revelarse un auténtico sabor de cocina casera.

Es muy evidente el estilo francés en la preparación de los platos y eso se agradece, que para eso la cocina francesa es de lo mejorcito del mundo.

Recomiendo una vista a http://www.bofrost.es para ver productos y precios. Lo mejor es hacer un pedido de prueba y convencerse con la degustación.

PASTAS ARTESANAS DEL BOEDO. MUY BUENAS Y MUY BARATAS.

Hace unas semanas me encontré con una feria dedicada a los productos dulces de Castilla y León en Aguilar de Campoo. Allí adquirí algunos que me gustaron bastante y estaban a buen precio.

Lo curioso es que la apuesta de prueba la hice con estas pastas que salen en la foto. Como eran tan baratas, no me jugaba casi nada y te daban dos cajitas por tres euros. Por muy malas que fueran, siempre servirían para un apaño. 
 
La agradable sorpresa fue abrir la primera caja y descubrir que se trataba de unas pastas excelsas y casi sublimes. Se notaba una elaboración muy reciente y un sabor refinado, al máximo nivel posible. Obviamente la segunda caja cayó enseguida y me arrepentí de no haber comprado más. Estas pastas te las venden como delicatessen de lujo en el Harrod's y las pagas a lo que te pidan. No obstante, como estamos en España y el precio es tan asequible, acabas hasta sospechando. Las apariencias engañan. 
 
Estas y otras pastas se pueden comprar en la web oficial, con gastos de envío gratuitos si se superan los 50 euros de pedido. Ojo porque la tienda online es poco intuitiva y tiene el menú encima del todo.  Los precios son levemente más altos que comprando en tienda física pero aún así compensa y las cajitas tienen un formato y una tarifa que las hacen ideales para regalo a invitados de boda. Personalmente recomiendo comprar un surtido variado para regalarse a uno mismo. Al ser formatos pequeños nos garantizamos la frescura en el consumo y no tenemos que abrir una caja enorme que tardará en consumirse
 
Estos productos los hacen en Báscones de Ojeda, provincia de Palencia, un pueblo situado entre Guardo, Aguilar, Saldaña y Herrera. Por cierto que nunca he estado allí pero igual hasta me animo.


Mira que soy aficionado a este tipo de galletitas y me encantan las francesas de Pont Aven, pero estas les meten mil vueltas. Enhorabuena a los productores; espero que no se acaben subiendo a la parra. Es un producto redondo (nunca mejor dicho) y a precios que desafían las crisis.