viernes, 29 de julio de 2011

BACKEREI-CONDITOREI. LA FÓRMULA ALEMANA.


En España hay panaderías y confiterías. Las panaderías venden pan y las confiterías venden pasteles. Normalmente las panaderías no venden pasteles ni las confiterías venden pan. En Alemania se da una fusión muy interesante entre ambos comercios y lo más corriente es que en el mismo establecimiento se venda una interesante gama de panes junto con una atractiva selección de tartas. Por lo visto la cosa se ha desarrollado de tal manera que la gama de productos abarca dulces y salados de forma que uno puede desayunar, comer y merendar en estos establecimientos. Hay que dejar claro que funcionan en régimen de autoservicio y no hay servicio de camareros, con lo que se ahorran una pasta en personal y encima ofrecen unos precios muy atractivos. Las raciones de tarta se venden a precios que oscilan entre el euro y medio y los dos euros y medio, con una presentación espectacular y llamativa, destacando por su grosor y finura.

Toda vez que los alemanes no suelen comer de plato sino que pican algo a mediodía, este producto es de gran interés para los turistas que quieren aprovechar el día. Por cierto que uno se puede sentar tranquilamente y no hace falta comer de pie. La gama de bebidas abarca varios tipos de cafés, que desgraciadamente no salen nada baratos, ya que el expresso raramente baja del euro con cincuenta céntimos; eso sí, la calidad del café es bastante alta, mejor que la española o la francesa aunque obviamente por debajo de lo que se sirve en Italia y Portugal. Para simplificar el servicio te sirven en barra y no hay sobrecillos de azúcar sino azucarero y un self service de cubiertos.

En cuanto a los artículos salados hay de todo un poco, desde sencillos bocadillos de salchicha hasta bretzels rellenos.

Si el viajero no tiene incluido el desayuno en su hotel probablemente le salga más a cuenta acudir a uno de estos locales, donde gastará mucho menos y por cinco euros saldrá muy contento. La variedad de productos nos recuerda a los expositores de las confiterías portuguesas, pero la calidad de los dulces es mucho más avanzada en Alemania.

El turista que visita Alemania acabará utilizando estos establecimientos con mucha frecuencia, ya que basta con señalar el producto deseado para ser servido, sin tener que recurrir a restaurantes cuyos platos son indescifrables para los que ignoran la lengua de Goethe y rarísimamente vienen traducidos al inglés. Ojo porque para cenar hay que hacerlo antes de las ocho y después de esa hora hay muy poco donde elegir, así que podemos acabar en un McDonalds sí o sí, nos guste o no, y encima agradeciendo la existencia de esas hamburgueserías que siempre nos sacan de apuros en situaciones de emergencia.

En Francia las panaderías venden croissants y brioches pero rarísimamente sirven bebidas calientes y las confiterías venden a precios disuasorios. En España las confiterías no te ofrecen productos salados salvo raras excepciones. En resumidas cuentas, esta fórmula alemana es un puntazo muy exportable y satisfactorio para la clientela.

QUESO CUEVA DE LLONÍN. EL CAMEMBERT ASTURIANO.

Este queso se produce en Alles, municipio de Peñamellera Alta, en el Oriente de Asturias. No tiene nada que ver con el queso conocido como Peñamellera y se ha convertido en uno de mis favoritos. A primera vista ya se observa que es de los de corteza comestible. Lo que nos encontramos al degustarlo es un sabor a Camembert cuando está muy maduro y a Brie en su fase más fresca.

Obviamente no se trata de un queso típicamente asturiano sino de una innovación más bien reciente pero que puede consolidarse como tradición con el paso de los años.

Resido en Cangas de Onís, localidad donde proliferan las tiendas especializadas en quesos, así que de vez en cuando voy probando novedades que las más de las veces me decepcionan, lo que no ha ocurrido en este caso. Para maridarlo decentemente y disfrutarlo casi prefiero beber agua de manera que no choque con el vino. Debe cortarse en lonchas muy finas y hay quien le quita la corteza.

En una cata a ciegas sería casi inmediatamente reconocido como queso de pasta blanda francés y sin embargo está hecho en el norte de España. La pieza de cuarto de quilo sale por unos cinco euros, lo que no es precisamente un regalo, pero el queso lo vale. En mis tablas de quesos suele ser el último en degustarse, incluso después del Gamonéu o el Cabrales.

No debe ser fácil de encontrar en tiendas, incluso en las que mayor variedad ofrecen, pero siempre está internet para adquirirlo. Recomiendo probarlo porque es un producto radicalmente diferente a todo lo que se hace en Asturias.