domingo, 28 de noviembre de 2010

Pon un poco de mantequilla de cacahuete en tu vida.


Hay que reconocer que la mantequilla de cacahuete no tiene una presencia agradable ni una textura manejable. Durante muchos años estuve viendo películas americanas donde los niños la merendaban y en los comics de Daniel el travieso aparecía frecuentemente. Con el paso de los años llegué a encontrarla en Hipercor y la compré para probar. Mi primer encuentro no fue muy satisfactorio y los amigos que la probaron dijeron que empachaba mucho. Evidentemente es una bomba calórica y de sabor que debe ser bien administrada.

Mis recientes experimentos no han salido mal del todo. Compré un envase de calidad premium en el Carrefour de Las Rozas de Madrid y la cosa fue subiendo enteros. Basta salpicar una ensalada con una cucharadita para que aporte sabor y empaque. Hoy he probado a añadir unas gotas de esa mantequilla sobre pasta italiana fresca y mejora el resultado. Con un envase tenemos para mucho tiempo porque se conserva sin frío y curiosamente basta calentarla para que adquiera una textura mucho más líquida y manejable, nada que ver con la espesura tipo masilla de fontanero con que sale del envase. La clave está en la mesura, pues un exceso se apodera del sabor y al final todo sabe a cacahuete. Puede moderarse con un poco de salsa de vinagre balsámico.

En el mercado hay muy poco donde elegir pero los precios son tan bajos que no se pierde nada por probar. Como alimento para refugios de montaña no tiene precio. Animo a los lectores a que experimenten con ella e insisto en que hay que ser avaro con ella, como con el vinagre en la ensalada.

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