martes, 10 de noviembre de 2009

La sal de la vida.


Este es el aspecto de los envases de cuarto de kilo de la sal marina Maldon, procedente de Inglaterra. Muchos de los lectores ya tienen uno en casa pero seguro que hay gente que todavía no conoce esta delicia. El paquetito en cuestión suele salir por algo menos de seis euros en tiendas delicatessen, lo cual es una pasta en relación a lo que cuesta la sal común, pero todo un regalo si tenemos en cuenta lo que puede aportar en nuestros platos. Es una sal que no amarga y se utiliza principalmente para sazonar, no para cocinar. Se pueden depositar unos cristales de esta sal sobre un foie, un chuletón e incluso un helado de chocolate.

Esta sal es única y no hay imitaciones posibles, pues tiene denominación de origen, como el Champagne francés o el queso de Cabrales. En todos los buenos restaurantes hay sal Maldon para aderezar lo que haga falta y aportar un gusto muy fino. Desde que la conocí no puedo vivir sin ella. Si aún no la ha probado, me temo que se está perdiendo una de las cosas buenas de la vida. Sorprenda a sus amistades y quede como todo un gourmet.

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