
ACTUALIZACIÓN IMPRESCINDIBLE. EL RESTAURANTE CERRÓ SUS PUERTAS EN SEPTIEMBRE DE 2011.
Me hubiera gustado poner una foto de alguno de los platos pero no me gusta usar la cámara en el comedor y en la web del establecimiento la comida no sale en imágenes.
El panorama culinario de Cangas de Onís se ve revolucionado con el primer establecimiento temático especializado en arroces, cosa que ya era necesaria en un universo dominado por la gastronomía autóctona y la cocina tradicional. El local está ubicado en la poco frecuentada Avenida de Castilla, una calle más bien residencial y en la que hay poca oferta, a pesar de estar al lado del centro. Se supone que a los habitantes de la zona eso no les molesta y el problema lo tienen los turistas que no se lo encuentran tan fácilmente. Aparcar cerca es complicado pero los parkings quedan a menos de cinco minutos a pie. Aquí no van a depender de los turistas para sobrevivir, cosa muy adecuada en invierno. Al Grano es la arrocería de Santi Etxizarreta, cocinero de Cabrales que estuvo estos últimos años en el Cenador de los Canónigos, del hotel La Cepada y al que debemos agradecer esta innovación que de momento está dejando muy buen sabor de boca entre los parroquianos, ya muy saturados de escalopines al Cabrales y tortos con picadillo.
La decoración está a la última pero lo mejor es que se trabaja con cuberterías y vajillas de Villeroy&Boch. El personal de sala es experimentado y uno de los camareros es bilingüe, cosa que puede resultar útil a la clientela francófona. La cocina está a la vista tras una mampara transparente. En los servicios hay hasta cepillos de dientes. Hacía calor y hubo que insistir varias veces para que pusieran el aire acondicionado.
En cuanto a la comida, que es lo que importa, voy con mi experiencia personal. La carta de vinos es correcta y no demasiado larga, a precios contenidos. Tomamos un Viñas del Vero Macabeo-Chardonnay que estaba excelente y a su justa temperatura, por el módico precio de 10 euros la botella. En blancos abundan los gallegos y a un cliente le oí pedir un Chardonnay, lo cual indica que quizás se podría aumentar la nómina de blancos, ya que van muy bien con el arroz. En la mesa de al lado estaban tomando Pazo de Señorans y con un vino así casi no hacen falta uvas de fuera.
Una vez tomada la comanda la casa te sorprende con tres aperitivos no solicitados y que por supuesto son gratuitos. Uno de ellos, que no tomamos, era una sencilla muestra de aceite de oliva virgen extra para mojar con pan. El segundo consistía en un chupito de crema de alubias pintas que ya anunciaba lo que nos esperaba, es decir, cocina muy cuidada con ingredientes finos. Finalmente nos ofrecieron un pastel de caballa con verduritas muy bien elaborado y presentado en su justo punto de sabor, acompañado de tostaditas. Llegados a este punto arribó a la mesa el entrante para compartir, unos raviolis de boletus ya emplatados para cada uno, que continuaron dando una grata impresión de lo que se cocía en la cocina (14 euros).
El plato fuerte de la noche era el arroz con carabineros y colmenillas, a 15 euros por persona y ración, que se sirvió en brillantes platos hondos. El maridaje de mar y montaña funcionó a la perfección aunque quizás hubiéramos agradecido un puntito menos de sal. Las raciones eran saciantes y los ingredientes generosos. Había arroces para dar y tomar en la carta, con lo cual el regreso está asegurado. Para los carnívoros también varios platos.
Llegados a los postres los precios parecen altos pero los tamaños permiten que un sólo postre sea compartido por dos comensales, tal y como hicimos con el pastel de chocolate con helado de chocolate blanco. Los cafés tenían su cremita y se echaba de menos un vinillo de postre o una carta de licores para finalizar la comida. Por cierto que se permite fumar y deberían advertirlo por si a alguien le molesta. Fueron unos 70 euros por pareja muy bien invertidos en una experiencia altamente satisfactoria, sobre todo si comparamos con lo que hay en muchos kilómetros a la redonda.
Lo único mejorable es un aspecto técnico de la carta, que no se ajusta a la normativa vigente, ya que los precios se exhiben sin IVA y eso está claramente explicado aunque ya no sea aceptable.
Hay un par de interesantes menús a 18 y 25 euros que deben pedirse para mesa completa, con la bodega aparte.
En resumidas cuentas, da la impresión de que aquí han pretendido hacer las cosas muy bien desde el primer momento y les están saliendo bien a ellos y a los clientes, porque no han dejado nada al azar. No sé si los aperitivos seguirán siendo gratuitos durante mucho tiempo, pero son un detallazo de altura.
Espero visitar el restaurante al menos una vez al mes para ir probando todos los arroces, que son una auténtica provocación.
Fuimos sin reserva pero el que quiera pedir mesa puede hacerlo en el 985 84 84 87.
ACTUALIZACIÓN DE SEPTIEMBRE
Como habíamos quedado con buen sabor de boca decidí reservar una mesa para cuatro con el fin de probar uno de los dos menús degustación de la casa, en este caso el más barato, de 18 euros. Sorprendentemente incluía vinos, de modo que tomamos un par de botellas; el blanco fue el mismo de la semana anterior, el Viñas del Vero, que en tienda ronda los cinco euros. El tinto era navarro, concretamente un Nekeas, que tiene muy buena calidad para el precio que se pide por él.
En esta ocasión volvieron a servir un par de aperitivos gratuitos, una espuma de queso con gazpacho y una cucharita de pulpo, ambos calificados con notable. Comenzamos con el pastel de caballa que ya conocíamos y que sorprendió muy gratamente a nuestros acompañantes. Llegó luego el arroz del día, que puede variar en sucesivas ocasiones y que venía acompañado por callos y kokotxas; la mezcla resultó afortunada y potente en sabor. El plato de resistencia fueron unas carrilleras de cerdo gratamente acompañadas por un puré de patata; el género era de primera y se deshacía en la boca. Finalmente el postre subió aún más la nota, ya que se trataba del típico plato por el que se pueden pagar 7 euros tranquilamente. Un pastel de queso con chocolate y helado de limón que si bien no servirá para ganar una estrella Michelín estuvo mucho mejor que otros demasiado pretenciosos y que se sirven en lugares teóricamente más prestigiosos. Hay que dejar claro que aquí los postres son un punto fuerte.
Para rematar la faena la casa invitó a un chupito de chocolate caliente con espuma de plátano que dejó muy buen sabor en las papilas. Otro detalle importante es que los cafés están a la altura de los postres y se gasta material del bueno, concretamente Nespresso.
Todo lo anteriormente mencionado al precio de 18 euros por persona nos obliga a volver para probar el de 25 euros, que ya parece más adecuado para una comida que para la cena. Sólo se echa de menos la posibilidad de tomar un vino de postre o un licor digestivo tras la colación.
Ahora bien, recordemos que el local es de los que no gustan a los fanáticos de las sidrerías ruidosas y lamentablemente cierta clientela considera pijos a estos lugares en los que símplemente se dedican a hacer las cosas como ya se deberían estar haciendo hace tiempo. Curiosamente era un sábado noche y no estaba lleno mientras que otros restaurantes menos buenos y menos baratos doblaban mesas. El tiempo pondrá las cosas en su sitio y hallarán el éxito de público que se merecen.
1 comentarios:
Magníficos posts; de verdad que me parece que conozco el restaurante gracias a los datos de toda índole que incluyes en los artículos.
Queda anotado ante una posible visita a Cangas en la que me encantará probar este local de gran relación calidad precio.
Saludos.
Publicar un comentario en la entrada