sábado, 31 de octubre de 2009

EL VINO DE LA CENA. FLOR DE MERLOT ROSADO. BODEGAS LAUS.


Hace unos días encontré en el Carrefour este vino que me pareció sorprendentemente barato. No llegaba a los cinco euros y había oído hablar muy bien de la bodega así que lo subí al carrito. En la cena del domigo decidí abrirlo y comprobé que se trataba de un vino del 2006, lo que no me daba muy buena espina. Normalmente los rosados no envejecen nada bien y hay que tomarlos mientras aún son jóvenes. Sin embargo al servir el vino en la copa observé un aroma delicado y afrutado que anticipaba una excelente experiencia. Lo utilicé para acompañar unos quesos de lo más variopinto, incluyendo Beyos, Emmental y un ahumado rumano bastante potente.

La experiencia no ha podido ser más satisfactoria y mañana mismo volveré al Carrefour a buscar un par de cajas que pienso beberme solito y con las que no voy a invitar a nadie. Al parecer la guía Peñín le otorga un honroso 89. Aunque el vino se llama flor de Merlot lleva también una pequeña proporción de Cabernet Sauvignon. Me da igual. Es un vinazo glorioso. Por cierto que la web de las bodegas Laus es todo un despropósito lamentable y te pierdes en ella. Menos mal que los suyo es hacer vinos y no webs.

Me encantan los vinos del Somontano y en mi boda puse un Enate Cabernet Sauvignon que encantó a los invitados. He de decir que me he aficionado a los rosados y de todo lo que he probado en estos últimos años el Flor de Merlot es lo que más me ha convencido.

Espero que al llegar al Carrefour no se me haya adelantado nadie.

viernes, 30 de octubre de 2009

EL HOUMOUS DE MERCADONA. RICO Y BARATO.


La primera vez que probé el houmous (pronúnciese humus) fue en Londres. Un poco lejos de su origen en el oriente medio. Se trata de un sencillo plato que consiste esencialmente en un delicioso puré de garbanzos. Dicho así suena hasta raro. Lo compré en el supermercado Tesco y estaba en la sección de las ensaladas y los "dips" (cosas para untar).

Me sorprendió bastante encontrarme la misma marca en Mercadona. El producto está fabricado por Delphi y la tarrina cuesta sobre un euro y medio, lo que me pareció muy asequible. Podemos usarlo como primer plato, plato único o incluso sobre tostaditas. El sabor es intenso y puede saturar un poco, de modo que conviene posponerlo si hay otros platos más suaves.

Estos son los ingredientes: Garbanzos, pulpa de semilla de sésamo, aceite de oliva, acido citrico, agua, sal, ajo en polvo y conservantes. Obviamente es un plato vegetariano y muy bien puede gustar a los niños por su sabor adictivo; así comen garbanzos sin enterarse.

Para probarlo podemos arriesgar menos de dos euros y saborear un digno exponente de la cocina creativa, pues con muy pocos y muy baratos ingredientes se consigue un resultado interesante.El que lo quiera elaborar en casa lo puede intentar con esta receta.
La textura es cremosa y algo arenosa/harinosa. En verano es un producto ideal porque se consume fresco y además es transportable en tarrinas. Ideal para ir comiendo con pan pita aunque si hay una hogaza de pan castellano no le hago ascos. No conviene combinar con vino sino con cerveza, que con esto pasa como con los fritos y las ensaladas.

Clavadas en restaurantes europeos.

Cuando sales de viaje tienes que poner los cinco sentidos a tope para que no te líen ni te tanguen porque hay gente que se aprovecha impunemente del turista bordeando la legalidad con todo el morro. Voy a comentar tres casos típicos, que suceden en la República Checa, Hungría y Portugal.

En el caso de Chequia muchos de los restaurantes de la capital funcionan muy a su aire y están acostumbrados a prácticas irregulares con tal de sacar los cuartos al turista. La jugada que más se estila es entregar las facturas escritas a mano de modo ininteligible y encima añadiendo un misterioso porcentaje extra en concepto de servicio, que puede llegar al 20% o más sin ninguna justificación. Si pedimos agua mineral nos darán microbotellines de la marca más cara al doble de precio que la cerveza. A mi me la armaron una o dos veces pero luego ya anduve con ojo, porque en el restaurante del hotel andaban con más cuidado. Cuanto más te metas en zona turística, peor, ya que los precios bajan en cuanto te alejas dos paradas de metro del centro.

En Hungria, por lo visto, ha habido camareros que aprovechaban para pasar la tarjeta de crédito del cliente un par de veces en lugar de una, pero lo más habitual es que los camareros no te devuelvan el cambio si la cantidad a pagar se aproxima mucho a la cantidad entregada por el cliente, de modo que se toman ellos mismos la propina. Aunque esto pasa principalmente en la capital, la zona del lago Balatón no se libra. Lo mejor es dar lo que nos han pedido con la mayor aproximación posible.

El problema de Portugal, irritante tanto para propios como para extraños, consiste en ofrecer al cliente unas apetitosas tapas no solicitadas de modo que entretenga la dentadura hasta que lleguen los platos; lo malo es que luego se cobran y a precios altos que casi dejan más beneficio que la comida. El gobierno portugués ha tomado cartas en el asunto y actualmente la práctica está prohibida, de forma que el cliente tiene derecho a comer las tapitas y luego no se las pueden cobrar o bien debería exigir que se eliminen de la factura. Los restaurantes llevan tantos años haciendo esto que casi se consideraban con derecho a legalizar la picaresca. Lo mejor es rechazar las entradas de mano, puesto que muchos las tienen preparadas a tal efecto a fin de aprovecharse de la ignorancia del turista. Eso sí, si no tocamos nada, no lo cobran.

Hay más clavadas en más sitios y este artículo es sólo una pequeña muestra. Aquí también le echamos cara con los platos fuera de carta que nunca sabemos lo que nos van a costar. Si el lector desea hacer su aportación, su comentario será bienvenido.

jueves, 29 de octubre de 2009

¿Compensa la Nespresso?


Pues todo depende de lo que quiera el lector, pero mi recomendación personal es no comprar esta ni ninguna otra cafetera de cápsulas. Puede ser de lo más fashion y "modelna" pero con la adquisición el cliente se casa para toda la vida con Nespresso y sus cápsulas específicas.

Por la calidad del producto no hay problema porque se fabrican cafés de varios tipos y hay una garantía seria de que el café es óptimo. El mayor inconveniente radica en que el sistema es absolutamente cautivo y hay que comprarles las cápsulas a ellos, ya sea en las muy escasas tiendas especializadas o bien recibiéndolas a domicilio previo pedido, lo cual nos amarra demasiado. Lo mismo ocurre con la cafetera Senseo, una versión más popular.

Si el lector quiere tomarse un buen café y le incomoda la extracción de la borra con el engorro de la limpieza, tiene a su disposición muchas cafeteras en el mercado que admiten el modelo de alcance universal, inventado por Illy y denominado monodosis ESE. Ojo porque no hay que confundir cápsulas con monodosis.

Lamentablemente en los lineales de los supermercados españoles hay muy poca variedad del sistema ESE. Mercadona vende un expreso y un descafeinado, al igual que lo hace Carrefour. En otros hipermercados la escasez es penosa. En Portugal se venden las de Segafredo Zanetti, Nicola, Sical y Delta, entre otras, con mucha mayor calidad que las de nuestro país. En Leclerc se venden algunos productos envasados en Francia que no están mal del todo. Otra opción es comprarlas a empresas que las venden por Internet pero que acaban saliendo casi tan caras como las de Nespresso.

Para los grandes consumidores no recomiendo ni cápsulas ni pastillas. Para los más exigentes siempre están las cafeteras que muelen en el acto y expulsan la borra solitas, pero eso ya es de lujo.

Haga lo que quiera pero recuerde que una Nespresso es un matrimonio para toda la vida sin posibilidad de divorcio.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Fuera de carta también tenemos...


Hoy quiero advertir a los lectores sobre los peligros que entraña la frase que da título al post. Me horroriza cada vez que la oigo en boca de un camarero porque puede producir sorpresas muy desagradables; la principal es que el precio nos resulte inadecuado por excesivo, ya que no sabemos lo que nos va a costar ese plato "fuera de carta". Obviamente la solución es que nos digan de antemano lo que cuestan los platos cuyo precio no figura escrito sobre un papel.

No es infrecuente que en ciertos restaurantes haya propuestas especiales del día y más de una vez me las he encontrado redactadas a mano con su precio y pegadas a la carta, con lo que así no hay problema y sabemos de antemano a lo que nos enfrentamos. La cosa puede ser grave cuando los platos sugeridos son pescados, de manera que conviene preguntar previamente a cuánto anda el kilo y a cómo sale la ración, no sea que la cosa se dispare por atrevimiento e ignorancia. Ya se sabe que los precios según mercado o según rula son toda una ruleta rusa para el bolsillo del comensal y no recomiendo pedir pescados a no ser que dispongamos de una información convincente sobre la viruta que nos pueden clavar.

A veces me temo que esos platos fuera de carta son aquellos de los que se quieren deshacer cuanto antes o bien los que más beneficios dejan porque el hostelero juega con la gran ventaja de ocultar precios. Naturalmente que es muy incómodo preguntar lo que cuesta cada cosa y generalmente el camarero no lo sabe.

A los clientes les recomiendo no pedir nunca nada fuera de carta a no ser que les den las cosas por escrito, porque la situación se presta a la picaresca. A los hosteleros les animo a evitar esa política de vender de palabra oralmente.

La ruta del queso y la sidra en los Picos de Europa.


Si te dicen que una ruta temática que dura tres horas cuesta 22 euros por persona puede parecer carillo. Sin embargo, compensa de sobra. La ruta a la que voy a referirme tiene lugar en un precioso pueblo llamado Sirviella, ubicado en el municipio asturiano de Onís, que no Cangas de Onís aunque sí muy cerquita.

La ruta de Pepín es un interesante paseo comentado en el que se descubren los secretos de la vida rural junto con la fabricación del queso de Gamonedo (el más caro de España y en peligro de extinción) y la elaboración de sidra casera. Hasta ahí todo normal. Lo bueno es que la experiencia incluye una fastuosa espicha, que es como en Asturias se denomina a las meriendas regadas con sidra. Uno sale de ahí como un campeón y cenado de sobra porque las viandas que se sirven tienen sabores de siempre que creíamos perdidos, incluyendo algunas curiosidades gastronómicas de la zona, como el boronchu, una especie de morcilla frita en rodajas. La merienda-cena es en régimen de barra libre y se degusta la tortilla elaborada con huevos de casa además de los típicos tortos de maíz o los chorizos a la sidra; por supuesto que no faltan los buenos quesos de la comarca.

Primero Pepín nos hace visitar el pueblo detenidamente explicándonos los pormenores de la vida en la aldea y tiene respuestas para todas las dudas de los visitantes. Nos llevará después a su llagar donde veremos el proceso que lleva a la manzana a convertise en sidra y nos hará degustarla. A continuación veremos la réplica de una cabaña de pastores de los Picos de Europa en la que comprobaremos cómo vivían ( y algunos aún viven) en los puertos de montaña durante el verano.

El minizoológico de fauna autóctona hace las delicias de los niños porque hay animales muy cariñosos y que están acostumbrados a la presencia humana. Se incluyen algunas razas autóctonas y en peligro de extinción. Los caballos asturcones son las estrellas.

En total son tres horas de diversión garantizada y muy recomendable para familias con niños. Lo de la espicha ya es el broche de oro y la gente queda encantada. Si vamos a cenar fuera acabaremos pagando casi lo mismo y nos perderemos una experiencia muy enriquecedora.

No demasiada información pero sí algunos videos interesantes en la web oficial de la ruta de Pepín. En cuanto a la zona de Cangas de Onís y Covadonga se puede visitar mi web personal hecha aquí mismo: http://www.cangasdeonisycovadonga.com/

Arroz bomba de Calasparra. El más caro. Por algo será.



Si el lector se asusta al saber que le costará cuatro euros el kilo, conviene saber que este arroz vale lo que cuesta de sobra. Hace años que me lo dió a conocer un cocinero amigo, un tal Campo Viejo, del restaurante El Corral del Indianu, situado en Asturias y que ostenta una estrella Michelín. En aquel caso lo probé con berberechos y queso ahumado de Pría. Como siempre, los grandes cocineros trabajan con ingredientes de alta calidad y eso marca la diferencia.


Este arroz cunde una barbaridad y absorbe mucho el líquido. Ojo porque hay una variedad más barata que es el arroz bomba y o otra más cara que es el de Calasparra, con denominación de orígen. Mi recomendación, para los que aún no conozcan el producto, es hacerse rápidamente con un kilo para ir experimentando. Con estos arroces queda uno como un gourmet de alto standing. Por cierto que siempre sale suelto. Hay que echar mucha agua y poco arroz.

El carpaccio en Mercadona y Carrefour.


Lo gracioso del asunto es que al buscar esta foto e indagar sobre la marca productora, me he encontrado con un montón de mensajes en foros sobre el mismo tema. El carpaccio de buey de la casa danesa Skare está que se sale. Por algo menos de dos euros tenemos una ración ideal para compartir entre dos personas. Este carpaccio se hace a partir de solomillo de buey y viene presentado en finísimas lonchas. Se trata de carne cruda, algo así como el jamón pero sin curar.

Gracias a Mercadona he encontrado este producto gourmet que nos hace quedar como señores cuando lo servimos en una cena de amigos. Ideal para impresionar. Un servidor lo prepara añadiendo algo de vinágre de Módena, un aceite portugués llamado Rosmaninho y unas virutas de foie. Usted puede echarle lo que le dé la gana, como por ejemplo, algo de sal Maldon, o añadirle rúcula, etc. Hay unanimidad al respecto entre expertos: Se trata de un chollo, porque cortar uno mismo la carne con ese grosor es tarea complicada; además, viene con parmesano rallado y todo. Gracias, Mercadona. (No sé si lo venden en más sitios). Con este carpaccio se farda un montón.
Pues ya sabe, al Mercadona más cercano, que hay sorpresa justo al lado del carpaccio.

Postres para sibaritas a precio de hipermercado.


Hace un par de meses que encontré en el Eroski un pastel fluido de chocolate muy parecido al que sirven en muchos restaurantes de postín. La caja traía dos y venían congelados. Los metí en el microondas y ¡oh!, efectivamente, el chocolate caliente de dentro brotaba como un volcán, creando un efecto precioso; el sabor me gustó porque sé que esto tiene un único secreto, que es el buen ingrediente. La parejita de pasteles cuesta tres euros y pico y aproveché para aprovisionarme y servir media docena en la cena de nochevieja, acompañados de helado y quedando como un marqués.

Estas delicatessen para el pueblo las fabrica una tal Casa Eceiza en Guipúzcoa, junto con otras muchas virguerías que ardo en deseos de probar. De hecho he visto que tienen a la venta algunas tartas provocativas que prometen brindar gloriosos momentos de gula en compañía de un Pedro Ximénez o un moscatel. Estos vascos en temas de sabores son invencibles.

De momento pongo el enlace a la web de la casa, pulsando sobre el logo. La empresa está empeñada en demostrar que lo industrial puede ser tan bueno como lo artesano e incluso mucho mejor. Seguro que ya se ha comido algún postre de estos en un restaurante y ha felicitado al cocinero.


Si alguien de la empresa lée esto y necesitan un catador, que sepan que tengo mucho tiempo libre y una amplia capacidad estomacal. Lo cierto es que una carta de postres a base de estas tartas puede ser el desparrame.

¿Por qué pagar una botella entera si sólo quiero media?


Espero que algún restaurador lea este artículo y tome nota.

Muchos viajeros se detienen en su ruta para reponer fuerzas en un restaurante y no les queda más remedio que elegir agua para la comida en lugar de tomarse un par de copichuelas de vino. Más que nada ello se debe a que la dósis mínima a la venta suele ser la de 750 ml, es decir, tres cuartos de litro, cantidad a todas luces excesiva para una persona e incluso para dos.

Una solución es la de solicitar vino por copas para acompañar los platos, lo que nos permite elegir blanco, rosado o tinto e función de las circunstancias, pero el inconveniente radica en que las botellas de vino de chateo de la barra pueden llevar cierto tiempo abiertas y el caldo que se nos sirve a lo mejor no está en condiciones óptimas. Por supuesto que en esos casos es casi imposible saber lo que nos van a cobrar por cada copa y a lo mejor no compensa económicamente.

Más de una vez me he llevado a casa la botella del vino que no me he terminado, pues considero un derroche abandonar medio litro en la mesa, más aún teniendo en cuenta que ya lo he pagado y es mio. Ya abundan restaurantes donde te proporcionan un saquito para llevarlo al domicilio y acabar de degustarlo. Ojo porque si quedan unos deditos en la botella es buen detalle deja algo para que lo prueben los camareros.

La solución está en las botellas de 37.5 cl, que llevan la mitad de líquido y con las cuales se pueden servir dos copas por persona, más que suficientes para una comida cuando luego hay que conducir.

Desgraciademente esa opción escasea o bien es inexistente en la mayor parte de restaurantes y como no hay demanda, pocas bodegas embotellan en ese formato, que no es que sea adecuado para grandes vinos pero sí muy cómodo para vinos jóvenes y alto consumo.

La oferta de vinos por copas tendría que salir en la carta y con precios, lo que nos permitiría degustar caldos en función de los platos, lo que se ha dado en llamar maridaje. Otro buen detalle sería que en la carta de platos se ofrecieran sugerencias de vinos para acompañar a cada plato.

En los supermercados sí es posible encontar una pequeña variedad de vinos en formato digamos individual y así el consumidor puede probar novedades sin arriesgarse. Además, se garantiza la frescura del vino y no tenemos que dejar nada para otro día, descorchando siempre una botella que espera ser abierta y no reabierta.

Mientras la oferta se limite a formatos grandes seguiré bebiendo agua.

Curiosidades en los restaurantes europeos.


Europa es una, grande y libre, con moneda única en la mayoría de paises y una gran uniformidad cultural aparente, pero las costumbres varían ostensiblemente según dónde nos encontremos.


En Italia es muy normal que los restaurantes cobren unos cuantos euros en concepto de "pane e coperto", es decir, pan y cubierto. Se trata de una tasa por la utilización de la cristalería, la vajilla y la mantelería además del servicio de pan. La cantidad puede ser relativamente baja y llegar a los ocho euros por persona en restaurantes de cierto nivel, mientras que en los menús baratos y pizzerías no se suele aplicar. En España es ilegal el cobro por este concepto y cuando viajemos a Italia hay que fijarse bien en la carta para que luego la viruta no suba demasiado. Por cierto que la cocina italiana es fabulosa y los panes suelen ser excelentes.

En Chequia te suelen preguntar primero qué vas a beber antes de tomar nota de la comanda de comida. La costumbre local hace que los camareros esperen a que el cliente se acabe la bebida para ir a preguntarle por los platos que va a comer. Esto genera curiosos equívocos porque muchos europeos pretenden que la bebida les aguante hasta el final de la comida y mientras esperan, desesperan, ya que el personal del restaurante aguarda al final de la primera consumición.

Una curiosa costumbre de los británicos en el exterior es sentarse a la mesa con un combinado alcohólico y mientras tanto ir mirando la carta. Normalmente los comensales no se levantan hasta que no han terminado la botella de vino, la cual les encanta tomar incluso sin comida y después de los postres.

Los aperitivos que se sirven en restaurantes de Portugal son cobrados religiosamente al final de la comida, lo cual molesta a los ingénuos clientes extranjeros que pensaban que se trataba de una invitación de la casa.

Una vez que salimos fuera de España hay que darse cuenta de que comer después de las dos o cenar después de las nueve es una misión imposible y fuera de las grandes ciudades las alternativas pueden reducirse a cero.

El agua mineral en Francia se vende a precio de oro y la gente suele elegir la del grifo, con el nombre de "caraffe d'eau".

En Hungría es tradicional cobrar el pan consumido contando las lonchas que el cliente se ha comido y el servicio de vino por copas es casi más frecuente que el de botellas o medias botellas.

Normalmente el agua mineral sale más cara en todos los paises del mundo que en España y es más cara que el resto de consumiciones sin alcohol porque se considera una actitud snob. En Chequia vale el doble que la cerveza y te sirven la mitad de cantidad.
El menú del día con primero, segundo, postre y bebida incluida es prácticamente especialidad española con algunos casos en Portugal, donde se lleva mucho más el plato del día que el menú largo.

Y usted ¿Conoce alguna particularidad local interesante?

Ponga un PX (Pedro Ximénez) en su mesa.


Me aficioné a los vinos dulces cuando a principios de los 80 me iniciaron en el consumo de mistela durante los recreos del Instituto en un bar mítico que hoy ya no existe y que se llamaba Casa Pipi. Allí era muy normal tomarse una copichuela a media mañana. Todavía no existía el botellón y también era admisible que el último día de clases antes de vacaciones de Navidad nos tomáramos unas botellas de sidra champanada en clase con los profesores. Previamente había degustado la Quina Santa Catalina y el Sansón con pastas, supongo que inducido por alguna persona muy mayor, que tienen gran afición a esas cosas y también al anís.

La primera vez que me ofrecieron un vino de postre fue en el restaurante La Salgar, de Nacho Manzano. Se trataba de un Pedro Ximénez de la marca Lustau que me dejó un sabor de boca soberbio. Normalmente en ese sitio sólo tienen de lo mejor.

Posteriormente fui aficionándome al consumo de PX como vino de postre y creo que no puede faltar en cualquier cena, sobre todo si se trata de sorprender a los invitados con un detalle finolis, al igual que puede ser una copita de Oporto o Cava de bienvenida.

Se trata de un vino español dulce con mucho cuerpo y gran densidad, tremendamente empalagoso y dulce pero no satura. Lo podemos encontrar en todo tipo de supermercados y Mercadona comercializa uno baratito (menos de 6 euros) que puede lucir muy bien al acompañar los postres e incluso un queso de Cabrales, al que resta potencia y con el que marida sorprendentemente. Estos vinos se elaboran con uvas pasificadas y pertenecen a la denominación de origen de Montilla-Moriles, andaluces como ellos solos.

En restaurantes los ofrecen por botellas o por copas y los precios no suelen andar disparatados. Cuando un restaurante tiene una carta de vinos de postre es buena señal, al igual que si la tienen de licores para tomar tras el café, que no sean los típicos licores de hipermercado sino algo más refinado.

Estamos en época de celebraciones y sugiero a los lectores que tengan en su bodega privada una botella de PX con la que endulzar aún más los postres.

El Museo del pan en Mayorga de Campos, Valladolid.


La localidad vallisoletana de Mayorga de Campos alberga un nuevo y prometedor Museo del Pan. Espero que valga la pena porque la entrada cuesta 6 euros del ala. Conozco uno ubicado en Seia, Portugal y de iniciativa privada que es todo un modelo y cuyas entradas cuestan un tercio.

Estos son los horarios.

Del 1 de octubre al 31 de marzo.

De jueves a domingo y festivos:
De 10,30 a 14 h y de 16 a 18 h.

Del 1 de abril al 30 de septiembre.

De martes a domingo y lunes festivos.
De 10,30 a 14 h y de 16,30 a 20 h.

Mayorga de Campos se encuentra entre Valladolid y León, en plena carretera nacional. Cerca tenemos también la localidad de Medina de Rioseco, donde podemos aprovechar para viajar en barco a través del Canal de Castilla.

El Museo tiene cuatro plantas en las cuales se explica todo sobre el pan desde la plantación del trigo hasta la panificación. Visita ideal para los niños aunque los precios asustan porque distan de ser populares. A ver cuándo aprendemos de otros paises y cobramos precios menos agresivos. Hay que tener en cuenta que los museos de Londres, que están entre los mejores del mundo, son gratuitos. En cuanto pase por Mayorga escribiré una crónica más detallada. No obstante, no garatizo que lo vaya a hacer; normalmente en España con un carnet de prensa no entras gratis a ninguna parte ni te hacen descuentos aunque les vayas a hacer publicidad gratis.

¿Qué hace del Cabrales un queso único?


A lo largo de mi vida me he zampado muchos kilos de queso de Cabrales, unos mejores que otros pero en general de muy buena calidad. Residí en Arenas de Cabrales durante un par de años pero eso no hizo que aumentara mi consumo.

Hubo un tiempo en que el fraude acechaba por doquier y se vendía cualquier cosa como queso de Cabrales, ya que la producción no estaba controlada por el Consejo Regulador de la Denominación de Origen. El queso se envolvía en hojas de plágano (arce) y resultaba muy complicado garantizar la calida del producto. Hoy en día el Cabrales es un queso con nombre y también con apellidos, ya que cada pieza cuenta con la información del productor que lo ha hecho.

El Cabrales es un queso artesano que puede elaborarse con leche de vaca sólamente o bien con leche de cabra, oveja y vaca. Es uno de los grandes quesos azules del mundo junto con el Stilton y el Gorgonzola, pero hay algo que lo hace único y es que no hay dos quesos iguales y además en cada queso todos los bocados tienen matices de sabor diferentes. Me encanta particularmente la corteza. Ahí reside la grandeza del Cabrales, hermano del Picón de Tresviso.

Para combinarlo con vino quizás resulte adecuado recurrir a rosados y a blancos o bien a tintos jóvenes. Lo de combinarlo con sidra a mi no me convence nada. Los hay que han probado a acompañarlo con cavas y olororos. Lo que no conviene son los tintos de reserva o crianza porque el acentuado sabor del queso anula la percepción del vino.

Mi consejo para compradores es adquirir cuñas cortadas y no piezas enteras, ya que nunca sabemos lo que nos vamos a encontrar dentro. Es mejor que predomine el blanco sobre el azul en la pasta y que se observe una textura blanda y untuosa, descartando los colores muy oscuros y las piezas duras.

El Cabrales es hoy un queso muy asequible con precios sobre los 12 euros el kilo, es decir, un tercio de lo que cuesta el Gamonéu.

Recomiendo servirlo como postre o antes de éste y nunca como entrada o aperitivo. En el caso de picoteo de tapas hay que dejarlo para el final. Hoy en día el olor ya no es un problema si lo compramos para llevar porque se envasa al vacío y se conserva muy bien incluso en nevera o en congelador.

Ese queso constituyó la base de la alimentación de mi madre durante los años en que ejerció como maestra en la antaño aldea perdida de Bulnes y donde hoy hay bar, restaurante y alojamientos rurales que han salvado al pueblo de la desaparición.

Curiosamente a este queso en su lugar de producción se le denomina como "Picón".